Lo prometido es deuda. En el último artículo dijimos que íbamos a contar como hacemos las micrografías. Este es el procedimiento, por ejemplo con la misma mosca del vinagre, Drosophila melanogaster.

Empecemos aclarando que, en este mundo del macro extremo y de la micro fotografía, hay un problema común que es la falta de profundidad de campo. En general, un objetivo macro no tiene nada óptico especial, lo especial es la mecánica. Lo único que lo define es que “se alarga” más que uno normal y que nos proporciona imágenes mucho mas grandes que el sensor de la cámara. Los anillos de extensión y los fuelles todavía dan mucho más. Entonces nosotros, con el sensor, aprovechamos solo una parte de la imagen, el resto se desprecia.

En la micro fotografía no hay excesivas diferencias. Si que es cierto que los objetivos de microscopio se diseñan para tener muchos aumentos con un diámetro físico grande. Con ello se persigue evitar en lo posible la difracción, tanto es así, que para mirar una célula (microscópica) el diámetro del objetivo puede tener, tranquilamente, 15 mm… ¡Está claro que la luz de la célula no rozará las paredes ni se difractará! Respecto a la micro fotografía hemos escrito un artículo en octubre pasado, https://fundacionpepbonetcapella.com/microscopios-con-correccion-al-infinito/, por si queréis ampliar conocimientos.

Pues bien, en los microscopios no hay fuelle, el aumento lo fabrica, directamente, el objetivo, pero los problemas son los mismos. Si nosotros ampliamos una imagen, por ejemplo de 1 milímetro, para que nos cubra por completo un sensor, por ejemplo un full frame de 35×24 mm, habremos ampliado la imagen 35 veces, pero, también, habremos reducido la profundidad de campo 35 veces. No es que la reduzcamos, la óptica sigue siendo la misma, con un anillo o un fuelle que la aleja del sensor, es que vemos la zona desenfocada 35 veces más cerca, 35 veces “más grande”. No olvidemos que la óptica enfoca “matemáticamente en el foco”, la profundidad de campo, en realidad es subjetiva a nuestra falta de precisión mirando cosas minúsculas. Hemos aumentado todo el entorno que estamos mirando, sea una célula, sea la cara de una mosca, incluídos nuestros errores fisiológicos.

Entonces, después de las fotos que hicimos con el objetivo Zeiss Luminar, usado con fuelle X15, vamos a sacar una foto “DNI” de la misma mosca del vinagre con objetivos de microscopio. En realidad pretendemos dejar constancia de la “boca” de la mosca, esta especie de trompa chata que las mosca usan para succionar líquidos de materias en descomposición o fermentación, y de los cuales se alimentan.

Nota: en el caso de la mosca del vinagre, que tiene preferencia por las frutas podridas y fermentadas, leí, no recuerdo donde, que hay estudios al respecto sobre alcoholismo de estas moscas con los productos de fermentación… ¡Vaya, vaya, vaya!

Para esta foto DNI usaremos los objetivos específicos de microscopio que mostramos y, si queréis más información, en nuestro blog, https://fundacionpepbonetcapella.com/la-fundacion-sigue-evolucionando/, hay este y otros artículos que cuentan su funcionamiento.

Estos objetivos son buenísimos, pero el precio a pagar (además de los euros) es que el X50 tiene 0,9 micras de profundidad de campo y el X20 tiene 1,6 ¡ES LO QUE HAY! La técnica será la misma, haremos una foto, moveremos la cámara las micras que permita el objetivo (descontando un 20% que necesitará el programa de apilado para hacer su trabajo), haremos otra foto… Y así hasta haber barrido toda la imagen que nos interese, hasta “haber sumado” las profundidades de campo necesarias para que se vea toda la cara enfocada.

En el Luminar eran 66 tomas, que hicimos a mano, pero en este caso van a ser bastantes cientos (en una ocasión pasamos las 1000 tomas). Con mucha paciencia y con pulso firme, además de una mecánica muy fina, a lo mejor se podría conseguir hacer el barrido “a mano”, pero está claro que serian muchas horas de disparar, avanzar la cámara (con mucha precisión) alrededor de una micra (1um), volver a disparar… y, así, hasta cubrir toda la cara. Hacerlo una vez en la vida, ¡vale!, pero para institucionalizarlo, mejor buscamos una máquina que lo haga. La suerte es que, hoy en día, la tecnología está avanzada y podemos recurrir a la mecánica fina, a la electrónica y a la informática: un carro bien construído, movido por un motor paso a paso, controlado por un sencillo programa de ordenador que transporte la cámara. Como ya hemos dicho, en nuestro blog tenéis información más que suficiente sobre el tema.

Y, resuelta la parte técnica, ¡hagamos la foto!

Para la foto de portada, el programa de control del motor programó 589 planos, 589 fotos que, despues de perder unos 15 minutos montando el set y el objetivo X20, colocando la mosca, centrándola en la pantalla e iluminándola, se puso a trabajar, “foto-avance-foto- …”, y trabajó durante 79 minutos, ¡1 hora y 19 minutos!

Pero, no os lo perdáis, nuestra primera idea, nuestro primer encuadre no fue el de portada, había sido este otro, hecho con el objetivo X50 (lo que veis es el encuadre completo), un montaje que pidió 781 planos, ¡781 fotos!, a las que dedicamos otros 15 minutos de montaje y que la máquina estuvo trabajando 105 minutos, 1 hora y 45 minutos. Como esta primera idea no nos terminó de gustar, “la trompa de la mosca no destacaba lo suficiente”, hicimos la segunda foto, la de portada. Por ahora llevamos 3horas y 34 minutos con una máquina en marcha, haciendo un total de 1370 disparos. Menos mal que nuestra FUJI GFX50R tiene un modo de disparo electrónico que, prácticamente, no desgasta elementos mecánicos.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, todos estos trabajos los hacemos siempre en RAW. El RAW no es “mejor”, el RAW “es preciso”, El RAW es lo que ha registrado la cámara, sin ninguna manipulación. Para la foto en si, el RAW no aporta nada en especial, pero lo que si nos interesa es poder mantener la mejor precisión de luz y color, sobre todo, porque nuestras fotos son “para documentar” y un documento debe ser veraz, no bonito. Entonces, estos 1370 disparos (que están en una tarjeta SD, la de la cámara) se deberán transferir al ordenador, para trabajar más rápido. Solamente copiar estas 1370 fotos, en un buen ordenador, nos llevó 32 minutos.

Ahora se pone en marcha el programa revelador de RAWs, se le marcan las correcciones de luz y color necesarias y se le deja que vaya trabajando. Para las 781 necesitó 182 minutos y para las otras 589 otros 137 minutos. Solo las conversiones de RAW a TIFF usaron 5 horas y 19 minutos de ordenador. Por descontado que los primeros 182 minutos fueron para la primera foto, la que terminó sin gustarnos.

Una vez obtenidos los TIFF, ya se puede ordenar el apilado. La foto que no nos gustó usó 69 minutos de ordenador y la segunda otros 52… Y aquí, ¡por fin!, ya se puede decidir cual de las dos nos gusta más. Esto no acaba aquí, una vez apiladas las tomas, aun se le da un repaso con un programa de tratamiento de imagen para borrar puntos indeseados, para ajustar luz y contrastes y para corregir alguna dominante de color. Otros 10 minutos por foto.

Resumiendo, que dedicamos algo más de 6 horas y media a la toma X50, una vez acabada no nos terminó de gustar, porque la trompa succionadora no destacaba lo que nosotros queríamos. Entonces empezamos otra toma a X20 (que finalmente reencuadramos a X30) que nos llevó otras más de 5 horas y que hemos puesto como foto de portada de este artículo.

Y, estos dos días de dedicación a la trompa succionadora de una mosca del vinagre, ¿tienen alguna utilidad? Nosotros creemos que si, exactamente igual que se dedican oficio, tiempo y esfuerzos a conseguir la textura de una piel para un anuncio de cosméticos, o se montan grandes instalaciones para un anuncio de neumáticos, conseguir una representación fiel de un elemento biológico es importante para la ciencia. Si nuestra finalidad fuera hacer cuadros, con toda probabilidad cambiaríamos de metas. Esto no significa que no pudiéramos dedicar dos días a una foto, pero, igual, nos ahorrábamos eso del RAW, por ejemplo.