Insistimos, “nunca dar puntada sin hilo”. Hemos tenido (en realidad “he tenido”) cosas personales en la península, una feria de campers. Al estar fuera de casa, en un camping de Olot, esta hormiga se coló en la tienda… ¡El vicio nos puede! Fue debidamente embolsada, fichada y geolocalizada y ya ha pasado a la posteridad.
Y, ya que habíamos saltado el charco, estando a escasos 250 km de Aguilar del Alfambra, recordamos los chopos cabeceros que fotografiamos en diciembre pasado. Fuimos en diciembre, precisamente, para poder fotografiar la estructura del árbol trasmochado, que quedara clara la poda y distribución de las ramas, sin distracciones de las hojas. Poder dejar constancia de que un tronco venerable puede producir varios “hijos” maderables. Entonces, ahora, decidimos que era interesante tener el mismo árbol “vestido” de invierno y de verano… y nos acercamos a repetir las fotos a finales de mayo. Como ejemplo este chopo del Remolinar.
Hay que reconocer la majestuosidad de estos árboles, gocemos de su presencia, pero sin olvidar que, como Fundación, somos documentadores. Precisamente a finales de mayo los álamos dispersan sus semillas convirtiéndose en espectáculo, y en molestia que puede derivar en alergia para las vías respiratorias. Las semillas envueltas en hilos algodonosos vuelan desde las ramas altas y tapizan el suelo. Conviene aclarar que semillas y vilanos son irritantes pero no alérgenos, ello no quita que los vilanos puedan arrastrar pólenes que “si sean alérgenos”.
Fuimos a rellenar nuestro archivo con los álamos “vestidos”, no teníamos prevista esta muestra de dispersión anemocórica, pero aprovechamos la ocasión, incluida nuestra especialización en macro fotografía. La semilla de la foto mide alrededor de 2,2 mm, mientras que el árbol se acerca a los 28 metros. Claramente, los álamos no tienen gran confianza en sus semillas, las sueltan por miles, diminutas, minúsculas, sin ayudas para su supervivencia, con muy pocas reservas, la semilla en si aporta el ADN y poco más. Esta estrategia de dispersión por el viento permite colonizar espacios mayores, pero, como contrapartida, las posibilidades de germinación son muy bajas, dependen, mas que de la semilla en si, de los recursos disponibles, de donde caiga y de que tenga la suerte de posarse directamente sobre nutrientes y agua… y de que pase desapercibida por una infinidad de “comedores de semillas”. Vamos, que solo una pequeñísima parte de la nube de vilanos algodonosos de la foto llega a buen puerto. Esto no es ni bueno ni malo, al álamo le ha servido para perpetuarse. Encinas o cocoteros adoptaron estrategias diferentes, tan válidas como la de los álamos.
Como podéis ver, la Fundación es absorbente, muy absorbente. Vamos a un acto social en Alicante y nos acercamos a “mejorar el archivo” hasta la Sierra de Baza, cerca de Granada, https://fundacionpepbonetcapella.com/viaje-a-sierra-de-baza/. Ahora hemos ido a chafardear una feria de campers en Gerona y, “ya que estábamos”, nos hemos acercado a Teruel, también “por mejorar”. Alguna vez hemos dicho que la Fundación es una pasión “no rentable”, sin lugar a dudas esto es lo que es. Para que nuestra felicidad sea completa, solo nos faltan acólitos que puedan perpetuar nuestros conocimientos y nuestra experiencia, esta capacidad técnica de pasar de mega fotografía a macro, incluso micro, fotografía implica años de oficio. Encontrar a alguien interesado en adquirir nuestros conocimientos (van de regalo) ya sería la guinda del pastel.
El pasado mes de abril, los días 17, 18 y 19, tuvimos el placer de participar en las III Jornades d’Entomologia Balear, celebradas en el marco incomparable del MUCBO (Museu Balear de Ciències Naturals y el Jardí Botànic de Sóller).
Como bien sabéis, en la Fundación Pep Bonet Capellá nuestra fortaleza no es la entomología en sí, sino la pasión por la documentación gráfica de la naturaleza. Por ello, aprovechamos nuestra intervención para mostrar a los asistentes —investigadores y aficionados— nuestras instalaciones, nuestra forma de trabajar y la precisión que alcanzan nuestros equipos técnicos.
Durante nuestra ponencia, compartimos ejemplos de lo que nuestra tecnología de macrofotografía puede aportar a la ciencia. Un ejemplo claro fue la imagen de la cabeza de una hormiga del género Messor (x20), donde se puede apreciar el nivel de detalle necesario para estudios morfológicos precisos (más abajo).
Contamos con instrumentos como cámaras de alta resolución, lupas y microscopios diseñados específicamente para generar archivos de imágenes de alta fidelidad para botánica, zoología y, por supuesto, entomología. Además tenemos una sede que, aunque humilde, cuenta con todo lo necesario para desarrollar cómodamente los proyectos que surjan, trabajar unas 8 personas simultáneamente en los equipos, e incluso, tomar un café en nuestra zona social o realizar una reunión privada en la sala de dirección.
Para nosotros, participar en estas jornadas no solo ha sido una oportunidad para ofrecer nuestra infraestructura, sino también una fuente de conocimiento. Gracias al intercambio con los expertos presentes, hemos adquirido nuevas perspectivas que nos permitirán mejorar nuestras composiciones y encuadres en futuros trabajos de documentación, y generar colaboraciones y proyectos nuevos.
Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento al MUCBO por su cálida acogida y felicitar a la organización por el gran éxito de participación entomológico y el buen nivel de las comunicaciones presentadas. Es un orgullo colaborar con instituciones que, como nosotros, dedican su esfuerzo con criterio y coherencia a la conservación y divulgación de la biodiversidad balear.
¡Seguimos trabajando para que la imagen sea el mejor aliado de la ciencia!
Con fotos de este estilo, mostramos a los asistentes nuestra capacidad de colaboración en sus trabajos.
Existen muchas justificaciones para tomar fotografías, desde los más banales “selfies”, una forma de narcisismo, hasta las más profundas manifestaciones del arte visual. En muchos casos solo se pretende dejar constancia “del momento”, muchísimas fotografías se miran un par de veces, se guardan en un cajón (actualmente ni eso, van a parar a la nube) y quedan a la espera de si, por casualidad, por alguna limpieza general, volverán a salir a la luz y alguien exclamará aquello de “qué jóvenes estábamos”.
Nosotros, en la Fundación, tenemos como “excusa” la documentación científica. En realidad “mentimos como bellacos”, en realidad nos encanta hacer fotos, eso de la luz, los contraluces, la composición, el claroscuro, la proporción áurea, disponer las vistas como hemos aprendido de los grandes maestros de la pintura… Vamos, que nos encantaría “ser artistas”. Como solo llegamos a donde llegamos, aplicamos todo nuestro saber a documentar cosas para que sesudos científicos puedan documentar gráficamente sus investigaciones con imágenes de una cierta calidad y toda la delicadeza que somos capaces de añadir.
Es sabido que nuestra especialidad es la macro y micro fotografía, nos hemos especializado en objetos desde 100×100 mm hasta 1×1 mm, con imágenes de alta definición, aplicando toda nuestra sensibilidad visual. Pero, en algún momento, apareció la documentación de árboles (ya éramos expertos en flores, frutos y semillas) y, en algún momento, nos dimos cuenta de una carencia, no teníamos documentación de los vegetales “grandes, gordos y sólidos”.
Empezamos a fotografiar árboles, pero odiamos las simplezas como, por ejemplo, el puñado de alubias sobre una cartulina blanca, iluminada con un flexo, nos parece pobre como foto de semillas. Un árbol aislado creemos que “no motiva”. Si bien es cierto que la documentación científica consiste en porte, detalle de la corteza del tronco, forma de la hoja y fruto y semilla, si procede. Nosotros somos más de “gozar” la naturaleza, de apreciar el árbol en su entorno. Ya, en un principo, empezamos a encuadrar nuestros árboles en su entorno, a crear panorámicas que mostraran el paisaje donde se integran. Automáticamente, si bien usábamos una cámara de formato medio, de 51 Mpx, la información nos pareció pobre, por muchos píxeles que tuviera la foto, las hojas, las briznas de hierba, se diluían y si se querían ver, no se apreciaban en detalle.
Por eso pasamos a crear mosaicos de fotos, para recoger el máximo posible de información del entorno del árbol que estábamos documentando. La foto de portada, por ejemplo.
Por descontado que la foto podría tomarse con un móvil, pero si, para la misma vista, se junta la información de cuatros fotos de alta calidad, tenemos muchísima más información.
No hay ningún problema en “hacer pequeño algo grande”, en una foto de 76 millones de píxeles como es la de portada, con las luces perfectamente ajustadas, con el contraste controlado, el científico de turno puede recortar un trocito del tronco, o de la hoja, o un fruto (si apareciera) y documentar su estudio… pero también podría usarse toda la foto para crear el poster para la conferencia sobre el árbol. Véase, por ejemplo, esta otra foto, el original tiene la friolera de 275 millones de píxeles, sacados de montar un mosaico de 10 fotos, ¡está claro que se pueden hacer los recortes que apetezcan! Pero, además, con 25 Kpx de largo, nos podemos permitir hacer murales de casi tres metros para decorar el lugar de trabajo de los citados científicos… o las oficinas de los Centros de Interpretación de algún Parque Natural.
Nuestra filosofía es “no dar puntada sin hilo”, para documentar árboles no queda más remedio que desplazarse al bosque, gasto de combustible, tiempo, cansancio por tener que andar montañas, a veces la “mortificación” de tener que “sobrevivir” con la cocina del lugar visitado.
Hacer el esfuerzo para sacar una simple foto de móvil suena a desperdicio. En estos casos hay que llevar todo el equipo disponible y sacarle el máximo rendimiento. Aguantar una mañana de lluvia para las fotos de Momo exige aprovechar tiempo y viaje.
Esto es lo que hemos hecho en nuestra última aventura. Nos desplazamos a Euskadi, concretamente a la zona del Parque Natural de Gorbeia, para documentar trasmochos. No os daremos la vara con explicaciones, si hay alguien interesado, en nuestra web, en el blog hay varios artículos sobre el tema, https://fundacionpepbonetcapella.com/chopos-cabeceros/, https://fundacionpepbonetcapella.com/trasmochos/. Además, en nuestra galería hay muestras de nuestros archivos, https://drive.google.com/drive/folders/12PmntMMgElBAtcKOVk3owuXQL8OqmJt1. Salimos un sábado, nos recogieron en Barcelona con una furgo camperizada, para tener más movilidad y comodidad de organización, fuimos hasta Euskadi, dedicamos tres días a fotografiar trasmochos (con la inmensa suerte de que la lluvia nos respetó bastante) y volvimos a Barcelona, a embarcar para Palma, el jueves siguiente. Una semana de dedicación a los trasmochos ha rendido el registro de 35 fotos en el archivo de la Fundación ocupando, en total, la hermosa cantidad de 25,9 Giga bytes…pero claro, es que si las fotos se toman para murales dan trabajo y “pesan” una barbaridad. Todo eso para conseguir algunas fotos de este estilo.
Del día que descubrimos que nuestro archivo era incompleto por no tener árboles hasta hoy, ya tenemos una pequeña selección de más de mil registros, del estilo de los que acompañan este artículo. Esta es parte de la función de la Fundación, la otra parte, el compromiso de transmitir nuestros conocimientos y crear escuela no va tan rápido, sigue siendo lento lo de encontrar acólitos… ¡Pero no nos desanimamos, en algún momento lo llegaremos a conseguir!
Cosas que definen a la raza humana son su capacidad de pensar y su capacidad de “conseguir más trabajando menos”. Desde hace cientos de años, está documentada en muchas partes del mundo una técnica para aumentar la producción de los árboles. Haciendo podas severas a una altura que no alcance el ganado (para que no ramonee los brotes) se consigue que, en la zona de poda, crezcan innumerables “chupones”. En tierno, estos brotes proporcionan comida fresca al ganado. Seleccionados los mejores chupones, se pueden dejar crecer y se obtiene una buena madera para construcción, para vigas, para carbón, etc… Es más, si plantamos un árbol de semilla para maderar, para sacar buenas vigas o tablones, pueden ser necesarios más de 20 años, mientras que con estas técnicas, en según que especies y partiendo de un tronco arraigado, se pueden obtener muy buenos resultados en apenas 15 años.
Esta técnica, aquí en España, se llama “trasmocho”, en el norte, o “chopo cabecero” en Aragón, pero es que los italianos aplicaban la misma técnica a las moreras, para producir mucha hoja para los gusanos de seda y le llamaban “a capitozza”, los ingleses “pollarding” o los franceses “têtard”. En Europa esta técnica ha ido decayendo, salvo reavivamientos locales como hacen pueblos de la cuenca del río Alfambra, al NE de Teruel, Aragón, con fiestas a la poda y conservación del chopo cabecero. En cambio en Japón, que tuvieron la misma idea universal de “estrujar la producción arborícola” hace más o menos los mismos siglos, la mantienen más viva, el “daisugui” sigue a la orden del día. Los japoneses parece que tienen más querencia por la madera que los europeos. Incluso, en algún lugar he leído que en África se aplica la misma técnica a los baobabs.
Hay que tener en cuenta que esta técnica, siendo la misma, se aplica a familias de árboles distintos, hayas, robles, castaños, cedros, chopos, etc. y que cada familia tiene su porte propio. Por eso se ven formas tan distintas entre las hayas trasmochas del norte o álamos y chopos cabeceros del río Alfambra. Hayas y robles con los “brazos” más abiertos, álamos y chopos con un “cabezón” de ramas apuntando al cielo.
En el norte, sobre todo, primaba la madera. El norte es verde, abunda el pasto para el ganado, pero necesitaban ingentes cantidades de carbón para su industria y madera para sus necesidades domésticas y de construcción.
En lo que hoy llamamos España vaciada, tierras de cereal, el pasto es más bien escaso y poder recurrir un aporte de “verde” para el ganado, además de la misma aportación para uso doméstico e industrial supongo que se apreciaba en lo que vale. Como curiosidad, la flecha señala el pueblo de Aguilar de Alfambra… ¡algo aislado si que se nota!
Bueno, esta ha sido una semana de vacaciones para nosotros, un pequeño viaje a la tierra del chopo cabecero, para ampliación de nuestro archivo.
En https://fundacionpepbonetcapella.com/galeria/ , nuestro archivo público de la Fundación ya podéis consultar las más de 60 fotos que ha dado el viaje… por si alguna os puede ser de utilidad. 60 fotos no son muchas, pero casi la mitad se pueden ampliar hasta un par de metros, por si queréis decorar “algo”. En las que lo merecen dice “cuantos x cuantos miles de píxels” tienen.
Hace unos meses, para ser exactos el 18 de mayo pasado, ya lo anunciamos, por cuestiones de marqueting íbamos a hacer un reportaje de la fenología del arroz. En realidad solo nos pidieron “algunas fotos de arroz”, sin especificar, para plantear una campaña publicitaria. Nuestra respuesta fue hacer un seguimiento a una campaña, vamos, hacer un reportaje de la fenología del arroz, lo más completo posible.
Estos enfoques, algo dràsticos, aportan algo muy especial, “frescura y exclusividad”. Me explico, cualquier creador de una campaña tiene ideas más o menos estandarizadas sobre lo que quiere “decir”. Ningún problema en maquetar un grano de arroz sobre el bigote de una gamba.
Nuestro enfoque, para nada comercial, incluso con rentabilidad nula, consiste en “pegarnos” a una plantación de arroz, en pasar unos meses rodeados de granos, germinando, documentando detalles que ni sabíamos que existían, para crear un documento en el que consten “todos los secretos” del tema.
Queremos ver, y documentar, desde cómo germina un grano hasta la siega y el trillado. Como muestra de las sorpresas que van apareciendo, entre la simiente que nos regalaron apareció este “habitante”. Hechas las comprobaciones pertinentes, resulta que es, precisamente, un gorgojo del arroz, nombre científico Sitophilus oryzae, y un reportaje que se precie debe incluirlo todo… Si que es cierto que esta foto no les va a interesar a los restauradores, pero el trabajo va con miras más amplias, puede interesar a científicos, agricultores, etc.
Los primeros meses todo eran fotos de granos germinando, incluso llegamos a hacer time lapses del tema. En este hipervínculo tenéis una muestra de nuestra dedicación https://www.instagram.com/p/DNa_esmxibV/ en realidad poco más había para hacer.
Ahora el arroz ya ha crecido, en la foto de portada tenéis una muestra, crecido y espigado, está empezando a formar granos. Según la naturaleza del cereal, granos que serán semilla para su conservación como especie. Según nosotros, pequeñas cápsulas de energía, de almidón, ¡comida!
Estas espigas, cada grano de ellas, es una unidad de reproducción, en cada espícula nacerá una flor, discreta, prácticamente ni saldrá al exterior. Pero será una flor completa, tendrá su gineceo, con el ovario correspondiente y, en su androceo, habrá anteras llenas de polen para polinizar y fertilizar estos granos que, para nosotros serán paella. En esta foto tenéis un grano incipiente.
Y, ya que las plantas son seres sexuales, y nosotros siempre vamos al límite, micrografía de unos granos de polen.
omo podéis ver, siempre activos, siempre con algún proyecto en marcha. Ello no quita que no estemos abiertos a colaborar con nuevas ideas. Las instalaciones de nuestra Fundación se montaron para “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”, nuestra divisa.