En nuestro quehacer diario, nos solicitaron documentar una pequeña colección de Nummulites. Al oír la palabra me vino a la memoria una historia de mi adolescencia.
En la clase de Física y Química, un grupito de “teenagers” inconformistas, intentamos “pillar” al profe (un Sr. de un inmenso bagaje cultural y técnico y excelente profesor) y preguntamos ni me acuerdo qué, impertinentemente, con malas intenciones. La respuesta, “Esto entra en el vasto campo de mis desconocimientos”, nos dejó sin palabras… ¡Muy pipiolos para tan excelente profesor!
En mi caso, la palabra “Nummulites” se hundía en el insondable océano de los míos, de mis desconocimientos. Menos mal que ahora disponemos de San Google, los Dioses nos lo conserven, y me pude documentar.
Directamente de la Wikipedia, https://es.wikipedia.org/wiki/Nummulites, me enteré que se trataba de esqueletos de animales de más de 40 millones de años, muy abundantes en los mares del Paleoceno y el Eoceno, y que suelen aparecer incrustados en rocas calizas del Eoceno, en el Mediterráneo, evolución del mar de Tetis. Luego, ya que estaba, seguí aprendiendo. Al igual que hemos hecho en la Fundación, invito a los curiosos que no estén versados en el tema a documentarse, que para esto están las redes.
Documentándonos, nos enteramos que las columnas del Claustro de San Francisco, en Palma de Mallorca, las que aparecen como foto de portada, se habían tallado de rocas nummulíticas, al igual que sucede con columnas del Claustro de Pedralbes en Barcelona.
Como se aprecia en las fotos, durante algunos millones de años fueron unos organismos muy abundantes, que iban muriendo y dejando sus esqueletos enterrados en el fango. Fango que, con el tiempo, solidificaría en rocas aptas para fabricar columnas.
Anverso y reverso de un Nummulite, algo pulido para que se pueda apreciar que se trataba de una especie de “caracola” (nada que ver con los caracoles) que actuaba a modo de esqueleto de un organismo unicelular. Se intuye que, además de la espiral, el tubo estaba dividido en cavidades. Leyendo, hemos descubierto que, junto con el “bicho”, convivían algas que ayudaban a apotar alimentos.
En estos otros nummulites, también anverso y reverso, quizás se aprecia mejor el tubo en espiral y su reparto en cámaras.
En las columnas ya se aprecia una cierta cantidad de ellos, pero en el material a documentar había un par de piedras espectaculares. Auténticos cementerios de nummulites, desde pocos milímetros hasta un par de centímetros.
Y, por último, un corte de una roca con incrustaciones de Nummulites, pulida.
A decir verdad, la aventura de la Fundación es tremendamente divertida. Cierto que, en los estándares actuales de pragmatismo mercantilista, saber de la existencia de los “Nummulites” pocos beneficios nos aporta, pero estar observando unas columnas y poder saber que las adornan unos organismos que vivieron hace millones de años, y saberlos identificar, a nosotros nos alegra el alma. Supongo que es eso de “la aventura del saber”.
Ya lo hemos comentado más veces, la finalidad de la Fundación es DOCUMENTAR Y COMPARTIR, nosotros solo presumimos de saber hacer fotos, los científicos y los comunicadores sois vosotros. Así como hemos documentado esta pequeña colección de Nummulites, tenemos la capacidad de fotografiar cosas entre uno (1) y ochenta (80) milímetros con un buen nivel de calidad que, con vuestras explicaciones, pueden colaborar a difundir la cultura científica. Estamos abiertos a vuestras peticiones y, si no nos necesitáis, no dudéis en contárselo a otros que, quizás, si que puedan aprovechar nuestros conocimientos y nuestras técnicas.
En esta ocasión os queremos facilitar, mediante este recordatorio, el acceso al banco de imágenes que escaneamos, digitalizamos y ampliamos constantemente y del cual hay una muestra permanente a vuestra disposición:
La meta de nuestra Fundación es documentar gráficamente trabajos, tanto de investigación como de difusión, colaborando con nuestras macrofotografías a que estos trabajos sean más precisos y más comprensibles para un público no científico.
En esta línea documental, aparte de nuestro banco de imágenes, ofrecemos a nuestros posibles usuarios crear, conjuntamente con ellos, imágenes que se adapten a sus trabajos.
Asimismo, también os recordamos que la filosofía de nuestra Fundación es de DOCUMENTAR Y COMPARTIR, por ello, os invitamos a que participéis y cooperéis si tenéis documentación gráfica de natura que queráis ceder para que estudiantes y científicos del mundo puedan hacer debido uso de ella. Queremos llegar a ser una cooperativa productiva y útil para la sociedad, y trabajamos día a día para poder convertirnos en el punto de encuentro en el que compartir naturaleza, conocimientos y fotografía, entre otras muchas cosas.
Para cualquier colaboración, no dudéis en contactar con la Fundación.
Nuestro último artículo fue sobre la construcción de la BONET III, en febrero. Desde entonces está operativa, ¡trabajando!
Siguiendo nuestra filosofía de “Documentar y Compartir” recibimos una proposición, documentar gráficamente una colección de arenas de varias partes del mundo.
Si en botánica somos pardillos, en geología más. Pero no se trataba de hacer ciencia, sino fotografía y de eso algo sí sabemos. Empezamos la explotación de la nueva cámara.
Vamos por el 20% del archivo y ya tenemos varias constantes. Los granos de arena, mayormente, son de menos de un milímetro, habiéndolos de solo unas décimas. Esos granos presentan diferentes morfologías, es más, según su localización son de distinta composición, cuarzos, arenas volcánicas, restos de conchas calcáreas, etc. Otra característica importante es que las arenas de medios acuosos, marinos, en ocasiones están habitadas. Aparecen conchas de caracolas casi microscópicas o, mirando con finura, esqueletos de foraminíferos. En las arenas de desiertos no hemos encontrado “habitantes”. Incluso hemos observado que, según su cercanía a grandes corrientes de agua o a ríos de glaciar, contienen más o menos polvo microscópico, más o menos fango. ¡Todo un mundo en miniatura!
La verdad, como nunca se nos había ocurrido pensar en el tema, nos hemos quedado gratamente sorprendidos de este mundo en miniatura que representa la arena de una playa o de un desierto.
La otra sorpresa, esta vez esperada, es el rendimiento del objetivo de Karl Zeiss, el Luminar 25/3.5. Cuando la cámara estuvo operativa, empezamos por una batería de pruebas, de ampliaciones x7, x10, x15, x20 y x25 con distintas aberturas de diafragma. Por abreviar, el resultado fue que los mejores resultados, los más nítidos, siempre se daban con el diafragma abierto en su totalidad, con la consiguiente limitación de profundidad fe campo, entre 50 y 20 micras respectivamente, según ampliación.
El enturbiamiento de la imagen por dispersión de la luz es inexistente entre x7 y x20, a máxima apertura. Al pasar a x25, aunque se abra a f3.5, cuando queremos ampliar la imagen se nota que los bordes se empiezan a difuminar, todo y que, si no se hacen grandes ampliaciones o reencuadres muy fuertes, la imagen sigue siendo perfectamente funcional. También ayuda que el sensor de toma sea el de la Fuji GFX 50, de 50 megapixels en una superficie de 44×33 mm, con una respuesta extraordinaria en cuanto a latitud de exposición. La marca Fuji presume de alcanzar 14 puntos (el ojo humano, que es una maravilla, separa hasta 10 puntos) Nosotros no lo hemos medido, pero constatamos que algo de eso debe haber, ya que nos permite un gran dominio de luces y sombras, simultáneamente.
Las personas que hayan vivido una infancia cerca de un puerto de mar, seguro que habrán intentado pescar cangrejos entre las rocas de la escollera, metiéndose entre las grandes piedras. En mi infancia, con mi padre, íbamos a la escollera del puerto de Palma de Mallorca a pescar morenas y congrios, metidos entre los grandes bloques de piedra.
Como fotógrafos, lo espectacular de estas fotos de arenas, granos de menos de un milímetro, fotografiados por capas de entre 20 y 50 micras, es que hemos conseguido reproducir “el volumen”. Mirando las fotos de unos pocos milímetros, yo al menos, consigo tener la sensación de “poder bajar a los granos del fondo a buscar cangrejos”.
¡Digamos que la BONET III ha sido un buen negocio!
Y ya sabéis, si el tema os ha parecido interesante compartidlo. Estos artículos, más que escribirlos para nuestro ego lo hacemos para dar a conocer los trabajos de la fundacionpepbonetcapella.com y que, si algún investigador o comunicador de temas de ciencia cree que los puede usar, sepa cómo encontrarnos. Incluso que se sepa que nuestra Fundación no es un “almacén de recuerdos” (que sí, que tenemos “almacenado” todo nuestro trabajo), pero somos un taller de producción activo, capaces de colaborar en proyectos ajenos, creando documentación gráfica.