Después de haber hecho estas fotos “submarinas” de una lenteja de agua, yo ya me creía el rey del mambo.
Hace una semana, dirección e investigadores de un organismo científico mallorquín propusieron a la Fundación documentar una posible primera cita, un bichito acuático de algo más de un milímetro, con cilios que lo definen. Precisamente, más importantes eran los cilios que el bicho en si, por esta razón era muy importante hacer las fotos con el bichito posado, inmóvil, en el agua… para que los cilios tomaran su postura natural.
Con magnificación X20, sobre nuestro sensor, cubrimos un campo de 2,2×1,65 mm, ideal para el personaje. Como que tenemos amplia experiencia en esta magnificación (de hecho tenemos dos cámaras que la cubren) nos pareció trabajo fácil.
Este desastre es lo primero que sacamos. Empecemos por el cuarto creciente de luna de la derecha. Nada que ver con el bichito, es un reflejo creado en alguna curvatura del agua… aquí empezamos a sospechar que el trabajo no iba a ser nada fácil.
Las manchas amarillas son sacos de huevos, pero “con y sin” foco. Los cilios directamente desenfocados. El cuerpo igual a los huevos, trozos si, trozos no, cerca del brillo unas “rayas” bordeando el cuerpo. En fin, una imagen que nada tiene que ver con el bicho original.
Ante la evidencia, tomémoslo con calma. Nuestra micro cámara va instalada en un rail motorizado y controlado por ordenador, todo montado en horizontal, es esta maravilla.
Precisión de media micra, altamente estable, no vibra y avanza y retrocede en horizontal… Entonces las muestras deben colocarse “verticales”, en la cazoleta blanca que hay frente al objetivo… ¡Hasta que te dicen que la muestra es agua!
Está claro que si llenamos la cazoleta de agua, tal como está en la foto, el agua se caerá encima de los micrómetros de centrado… ¡Mala idea!
Entonces se nos ocurrió “otra mala idea”, hacer un taladro de pocos milímetros, depositar, dentro, una gota de agua con el sujeto y que el conjunto se aguantara por la tensión superficial del agua. Esta parte de la física funcionó perfectamente, la gota quedó sujeta a las paredes del agujero, solo que las tensiones superficiales crearon una gota aleatoriamente deformada. Usar un objetivo de alta calidad y precisión para fotografiar un sujeto a través “lentes aleatorias” está claro que será un fracaso… ¡y lo fue! Estos enfoques aleatorios y deformaciones se multiplicaron por 236, ¡los 236 planos tomados para hacer un apilado. Visto así, la foto del bicho es, casi, ¡“una buena foto”!
Hubo que replantear nuestro estudio, rediseñar nuestro rail para que trabajara en vertical… Menos mal que, al comprarlo, pensamos en esta eventualidad y elegimos uno con motor de potencia suficiente para subir y bajar cámara y accesorios, algo más caro, pero… “por lo que pudiera ser”.
En fin, como las desgracias nunca vienen solas, esta historia nos pilló en fin de semana, tiendas y talleres cerrados. El proveedor habíamos visto que tenía accesorios para verticalizar pero no sabemos estarnos de brazos cruzados. Como que al comprar el rail tuvimos que diseñarle una base, compramos perfiles de aluminio y compramos uno de más. Con esto y un martillo, cualquier mecánico fabrica un avión, jajaja. Con un poco de inventiva pudimos hacer un soporte bastante sólido para verticalizar nuestro rail, en principio sujetado con contrapesos de plomo, manifiestamente mejorable, pero en sábado por la tarde ¡un éxito.
Apareció otro problema, en horizontal el rail se mueve si lo empujas, en vertical ¡SE CAE! Aprovechamos para fabricarle un ajuste vertical, sencillo pero efectivo, ¡ya podemos trabajar en vertical!
Ahora apareció otro problema, escribiendo el artículo hemos pasado de horizontal a vertical en un plis-plas, la realidad fue más complicada, le dedicamos casi todo el sábado y algo del domingo. Hubo que mecanizar algunas piezas “manualmente” (no disponer de taller y maquinaria tiene estos inconvenientes) y hubo que hacer pruebas (ensayo-error) para tener la seguridad de que lo estábamos haciendo bien. Ello supuso maltratar en demasía a los pocos sujetos que debíamos retratar, bichitos gelatinosos de algo más de un milímetro. Acabamos rompiéndolos, nos quedamos sin “artistas”. A grandes males, grandes remedios, hicimos una excursión a una acequia i nos dedicamos a pescar otros bichitos, totalmente vulgares, nada de primeras citas, pero de tamaño y características parecidas. El importante es un Copépodo y nosotros encontramos Ostrácodos… Para nuestro nivel de biología, casi iguales, todos terminan en “odo”, jajaja.
Cuando estábamos creando la Fundación, cuando redactábamos estatutos y código ético, creamos el lema de la Fundación, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”. Espero que nadie dude de que somos fieles a nuestro lema, ¡hasta compartimos el como afrontamos los desafíos!
La verdad es que, al no tener que ganarnos la vida con nuestras fotos, disfrutamos enfrentando estos retos. No son en absoluto rentables, pero sí muy divertidos.
Lástima que aun no hayamos sido capaces de conseguir acólitos, futuros herederos de la intelectualidad y saber hacer de la Fundación. Lo he dicho muchas veces, el mayor tesoro de la Fundación no es su archivo, siendo importante. Nuestro mayor tesoro es nuestro conocimiento y nuestra experiencia, nuestra capacidad para enfrentar retos… y convertirlos en documentos.
Nosotros somos de no dar puntada sin hilo. Por cuestiones totalmente privadas, teníamos algo que hacer en Alicante. Por descontado que existe “Palma-avión-acto social-avión-Palma”, pero, ya que íbamos a dedicar un par de días a “asuntos propios”, ¿por qué no aprovechar el viaje?
Como que tenemos un archivo abierto de trasmochos y chopos cabeceros, se nos ocurrió sondear los “alrededores” de Alicante, por si había algo interesante para nuestro archivo. Y sí, si que encontramos cosas.
En la Sierra de Baza, a más de 200 km de Alicante, “no tan cerca”, un lugar para nosotros desconocido, unos expertos aragoneses habían marcado unos álamos como “posibles trasmochados, en el pasado”. Dedicar nuestros esfuerzos a un organización sin ánimo de lucro tiene estas “pequeñas alegrías”, que muchas veces ni te molestas en pensar si es rentable.
Incluimos acercarnos al Arroyo Bodurria, bajando por el barranco del Aguardentero, a ver si era cierto eso de los trasmochos. Bajado un desnivel de unos 400 m por el barranco, encontramos gentes del lugar, bastante bien documentadas, que nos desmintieron que tales trasmochos hubieran existido. ¿Queda clara la no rentabilidad?
Pero bueno, el paisaje de la portada (sin trasmochar) ¡bien merecía el viaje! El original de esta foto de portada tiene 32x23K píxels, siguiendo nuestra última tendencia de fotografiar árboles i paisajes “para decorar paredes”. Los lugareños, además del jarro de agua fria, nos dieron indicaciones de donde, sí, había castaños trasmochos… relativamente cerca, a unos 80 km, en el pueblo de Huéneja, y allá que nos fuimos.
He aquí unos venerables castaños trasmochados… convertidos en un merendero, cosa que niños y algún adulto usan como área de juegos (cosa no muy saludable para estos viejos troncos). De un paseo por la zona salieron algunas fotos más.
Otro castaño trasmocho, libre de injerencias humanas. O bien este otro,
A decir verdad, solo con estas ampliaciones para el archivo ya quedó justificado el acto social de Alicante, que, por otro lado, era de esos de “obligado cumplimiento”. Pero, ir a comer tarta a Alicante suena frívolo, acompañarlo de algunas fotos de archivo ya parece más “útil”.
Como que, si o si, había que ir hasta Barcelona, para embarcar hacia Mallorca y para dejar a nuestra acompañante en su casa de Lérida, aprovechamos para pasar por El Espinar de Guadalajara, y encontramos algunas fotos más, pocos trasmochos pero si bonitos paisajes. Por ejemplo este ranero, vallado para que la charca se conserve… ¡el coro de ranas era insuperable!
También es cierto que a un par de km del ranero pudimos fotografiar este roble, creemos que trasmocho.
Digamos que ha sido un viaje bien aprovechado. Iba a ser una visita relámpago a Alicante y, al final, ha sido la visita y un total de una semana visitando lugares que han ampliado el archivo de la Fundación en otras 62 fotos, de árboles y flores. En realidad el archivo de la Fundación se ha ido formando de esta manera, durante más de 40 años. Al principio como afición al final como obsesión… y, ahora, como una finalidad organizada. Desde que nos convertimos en Fundación, si bien hacemos locuras como este viaje, la mayoría de trabajos ya se hacen con programación, bien para colaboraciones, bien para proyectos propios.
En fin, no engañemos a nadie, nos hemos tomado un respiro de una semana con una excusa social.
Como decía un slogan publicitario, “si le ha gustado, dígaselo a sus amigos”.
Existen muchas justificaciones para tomar fotografías, desde los más banales “selfies”, una forma de narcisismo, hasta las más profundas manifestaciones del arte visual. En muchos casos solo se pretende dejar constancia “del momento”, muchísimas fotografías se miran un par de veces, se guardan en un cajón (actualmente ni eso, van a parar a la nube) y quedan a la espera de si, por casualidad, por alguna limpieza general, volverán a salir a la luz y alguien exclamará aquello de “qué jóvenes estábamos”.
Nosotros, en la Fundación, tenemos como “excusa” la documentación científica. En realidad “mentimos como bellacos”, en realidad nos encanta hacer fotos, eso de la luz, los contraluces, la composición, el claroscuro, la proporción áurea, disponer las vistas como hemos aprendido de los grandes maestros de la pintura… Vamos, que nos encantaría “ser artistas”. Como solo llegamos a donde llegamos, aplicamos todo nuestro saber a documentar cosas para que sesudos científicos puedan documentar gráficamente sus investigaciones con imágenes de una cierta calidad y toda la delicadeza que somos capaces de añadir.
Es sabido que nuestra especialidad es la macro y micro fotografía, nos hemos especializado en objetos desde 100×100 mm hasta 1×1 mm, con imágenes de alta definición, aplicando toda nuestra sensibilidad visual. Pero, en algún momento, apareció la documentación de árboles (ya éramos expertos en flores, frutos y semillas) y, en algún momento, nos dimos cuenta de una carencia, no teníamos documentación de los vegetales “grandes, gordos y sólidos”.
Empezamos a fotografiar árboles, pero odiamos las simplezas como, por ejemplo, el puñado de alubias sobre una cartulina blanca, iluminada con un flexo, nos parece pobre como foto de semillas. Un árbol aislado creemos que “no motiva”. Si bien es cierto que la documentación científica consiste en porte, detalle de la corteza del tronco, forma de la hoja y fruto y semilla, si procede. Nosotros somos más de “gozar” la naturaleza, de apreciar el árbol en su entorno. Ya, en un principo, empezamos a encuadrar nuestros árboles en su entorno, a crear panorámicas que mostraran el paisaje donde se integran. Automáticamente, si bien usábamos una cámara de formato medio, de 51 Mpx, la información nos pareció pobre, por muchos píxeles que tuviera la foto, las hojas, las briznas de hierba, se diluían y si se querían ver, no se apreciaban en detalle.
Por eso pasamos a crear mosaicos de fotos, para recoger el máximo posible de información del entorno del árbol que estábamos documentando. La foto de portada, por ejemplo.
Por descontado que la foto podría tomarse con un móvil, pero si, para la misma vista, se junta la información de cuatros fotos de alta calidad, tenemos muchísima más información.
No hay ningún problema en “hacer pequeño algo grande”, en una foto de 76 millones de píxeles como es la de portada, con las luces perfectamente ajustadas, con el contraste controlado, el científico de turno puede recortar un trocito del tronco, o de la hoja, o un fruto (si apareciera) y documentar su estudio… pero también podría usarse toda la foto para crear el poster para la conferencia sobre el árbol. Véase, por ejemplo, esta otra foto, el original tiene la friolera de 275 millones de píxeles, sacados de montar un mosaico de 10 fotos, ¡está claro que se pueden hacer los recortes que apetezcan! Pero, además, con 25 Kpx de largo, nos podemos permitir hacer murales de casi tres metros para decorar el lugar de trabajo de los citados científicos… o las oficinas de los Centros de Interpretación de algún Parque Natural.
Nuestra filosofía es “no dar puntada sin hilo”, para documentar árboles no queda más remedio que desplazarse al bosque, gasto de combustible, tiempo, cansancio por tener que andar montañas, a veces la “mortificación” de tener que “sobrevivir” con la cocina del lugar visitado.
Hacer el esfuerzo para sacar una simple foto de móvil suena a desperdicio. En estos casos hay que llevar todo el equipo disponible y sacarle el máximo rendimiento. Aguantar una mañana de lluvia para las fotos de Momo exige aprovechar tiempo y viaje.
Esto es lo que hemos hecho en nuestra última aventura. Nos desplazamos a Euskadi, concretamente a la zona del Parque Natural de Gorbeia, para documentar trasmochos. No os daremos la vara con explicaciones, si hay alguien interesado, en nuestra web, en el blog hay varios artículos sobre el tema, https://fundacionpepbonetcapella.com/chopos-cabeceros/, https://fundacionpepbonetcapella.com/trasmochos/. Además, en nuestra galería hay muestras de nuestros archivos, https://drive.google.com/drive/folders/12PmntMMgElBAtcKOVk3owuXQL8OqmJt1. Salimos un sábado, nos recogieron en Barcelona con una furgo camperizada, para tener más movilidad y comodidad de organización, fuimos hasta Euskadi, dedicamos tres días a fotografiar trasmochos (con la inmensa suerte de que la lluvia nos respetó bastante) y volvimos a Barcelona, a embarcar para Palma, el jueves siguiente. Una semana de dedicación a los trasmochos ha rendido el registro de 35 fotos en el archivo de la Fundación ocupando, en total, la hermosa cantidad de 25,9 Giga bytes…pero claro, es que si las fotos se toman para murales dan trabajo y “pesan” una barbaridad. Todo eso para conseguir algunas fotos de este estilo.
Del día que descubrimos que nuestro archivo era incompleto por no tener árboles hasta hoy, ya tenemos una pequeña selección de más de mil registros, del estilo de los que acompañan este artículo. Esta es parte de la función de la Fundación, la otra parte, el compromiso de transmitir nuestros conocimientos y crear escuela no va tan rápido, sigue siendo lento lo de encontrar acólitos… ¡Pero no nos desanimamos, en algún momento lo llegaremos a conseguir!
Ya es costumbre que, al año, hacemos algunas salidas, entre vacaciones y trabajo. Salimos por espíritu aventurero, pero siempre con equipo fotográfico, siempre dispuestos a “engordar” el archivo de la Fundación.
Esta vez se nos antojó Ordesa, pero, por cuestiones de agenda, tenía que ser la primera semana de noviembre. Estamos mal acostumbrados, vivir en el paraiso mallorquín nos desconecta de la realidad de la montaña. Buscamos camping en Torla, en Broto, en Fiscal, ¡todos cerrados!, claro, a principios de noviembre ya puede nevar, las tuberías se congelan, los servicios ya no pueden cumplirse en altitudes que se acerquen a los 1000 msnm.
Lo mejor que encontramos fue en Labuerda, el camping “La Peña Montañesa”, en honor al cual ponemos esta foto de portada, Peña Montañesa a la luz de la Luna llena. Un camping a 553 msnm, abierto todo el año porque a esta altitud aun se puede ofrecer servicio, todo y que haga frío.
Nuestro sistema, instalarnos en un camping para tener servicios, y hacer salidas en nuestros trikes de no más de 15 a 20 km, explorando alrededores.
Digamos que esta es la zona de Monte Perdido, vista desde el valle de Pineta.
¡Y esto es el Pirineo en otoño! Interior del Valle de Pineta.
Nuestro interés en este viaje era la otoñada. Poniendo la nota científica (y pedante) al escrito, nuestro interés estaba en los carotenoides y las antocianinas que aparecen al descomponerse la clorofila por falta de luz solar.
Para nosotros estar presente en este espectáculo del Desfiladero de la Inclusa, en el valle de Xistau y ver la caída de la hoja ha sido un auténtico placer. Por descontado que, ya que teníamos coche, aunque residiéramos a unos 50 km por culpa del frío, si que nos acercamos a Ordesa… ¡era obligado!
Esta vista del Circo de Cotatuero y el río Arazas bien valía el viaje. O esta espectacular otoñada en un hayedo.
O, ¿por qué no?, esta otra vista del Arazas con el cauce enrojecido por las hojas caídas.
En realidad solo fueron 6 días hábiles de fotografiar, fotos para el archivo escasas 50 fotos que lo merecieran pero, eso sí, todas fotos de muy alta calidad. En lo que a paisaje se refiere, hace años, desde que nos pasamos a digital y la informática lo permite, casi siempre hacemos fotomontaje. Esto hace que nuestros paisajes suelan ser panorámicos, que abarquen entre 120º y 180º de la realidad, pero es que, al ser fotomontaje de varias fotos, entre 4 y 20 fotos, sumamos la información de cada una de ellas y todas estas fotos que os mostramos, los originales son de más de 25.000 píxeles en anchura, algo interesante para poder usar estas fotos en decoración, al ser posible sacar copias de varios metros de anchura. Por ejemplo la decoración de nuestra casa.
Seguimos siendo especialistas de lo minúsculo, pero una parte de nuestro archivo la dedicamos al entorno natural, al paisaje, al bosque, a sus árboles. Para nosotros, tan importante es el polen, como la flor, como la planta, como el entorno donde crece… ¡todo es naturaleza!
Si este artículo te parece interesante, o te parece interesante lo que pretendemos, estamos a tu disposición… es más, coméntalo con tus amistades porque nuestra filosofía es colaborar con todo el mundo. Nuestra intención, siempre, es unir soluciones a necesidades… en lo que a documentación se refiere, en lo que sabemos hacer.
Hace unos meses, para ser exactos el 18 de mayo pasado, ya lo anunciamos, por cuestiones de marqueting íbamos a hacer un reportaje de la fenología del arroz. En realidad solo nos pidieron “algunas fotos de arroz”, sin especificar, para plantear una campaña publicitaria. Nuestra respuesta fue hacer un seguimiento a una campaña, vamos, hacer un reportaje de la fenología del arroz, lo más completo posible.
Estos enfoques, algo dràsticos, aportan algo muy especial, “frescura y exclusividad”. Me explico, cualquier creador de una campaña tiene ideas más o menos estandarizadas sobre lo que quiere “decir”. Ningún problema en maquetar un grano de arroz sobre el bigote de una gamba.
Nuestro enfoque, para nada comercial, incluso con rentabilidad nula, consiste en “pegarnos” a una plantación de arroz, en pasar unos meses rodeados de granos, germinando, documentando detalles que ni sabíamos que existían, para crear un documento en el que consten “todos los secretos” del tema.
Queremos ver, y documentar, desde cómo germina un grano hasta la siega y el trillado. Como muestra de las sorpresas que van apareciendo, entre la simiente que nos regalaron apareció este “habitante”. Hechas las comprobaciones pertinentes, resulta que es, precisamente, un gorgojo del arroz, nombre científico Sitophilus oryzae, y un reportaje que se precie debe incluirlo todo… Si que es cierto que esta foto no les va a interesar a los restauradores, pero el trabajo va con miras más amplias, puede interesar a científicos, agricultores, etc.
Los primeros meses todo eran fotos de granos germinando, incluso llegamos a hacer time lapses del tema. En este hipervínculo tenéis una muestra de nuestra dedicación https://www.instagram.com/p/DNa_esmxibV/ en realidad poco más había para hacer.
Ahora el arroz ya ha crecido, en la foto de portada tenéis una muestra, crecido y espigado, está empezando a formar granos. Según la naturaleza del cereal, granos que serán semilla para su conservación como especie. Según nosotros, pequeñas cápsulas de energía, de almidón, ¡comida!
Estas espigas, cada grano de ellas, es una unidad de reproducción, en cada espícula nacerá una flor, discreta, prácticamente ni saldrá al exterior. Pero será una flor completa, tendrá su gineceo, con el ovario correspondiente y, en su androceo, habrá anteras llenas de polen para polinizar y fertilizar estos granos que, para nosotros serán paella. En esta foto tenéis un grano incipiente.
Y, ya que las plantas son seres sexuales, y nosotros siempre vamos al límite, micrografía de unos granos de polen.
omo podéis ver, siempre activos, siempre con algún proyecto en marcha. Ello no quita que no estemos abiertos a colaborar con nuevas ideas. Las instalaciones de nuestra Fundación se montaron para “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”, nuestra divisa.
No es la primera vez que lo contamos, la Fundación proviene de una vida de pasión por la foto de natura. Eso de arrastarnos por el suelo campestre es, en nosotros, una constante.
Como anécdota, hace años “di un susto” al insigne Dr. Carles Amengual i Vicens, en el camino viejo de Lluc. Yo, totalmente estirado en el suelo (haciendo la foto de una florecilla) y él, doctor en medicina, a distancia, caminando, se imaginó una persona herida, un desmayo, un infarto, ¡y llegó corriendo!… Al ver al “fotógrafo”, ¡casi me pega! (ya éramos amigos antes y lo seguimos siendo)
Pero es que estas florecillas, este endemismo nuestro es, en realidad, una planta de pocos centímetros y, para sacar una foto decente, “hay que arrastrarse”, ¡no queda otra!.
Esta es la parte romántica de la Fundación, ¡y la seguimos practicando!
Desde que “institucionalizamos” nuestras fotos, han aparecido otros tipos de trabajos. Lo que nosotros llamamos “PROYECTOS”. Siguen siendo fotos de natura, no tenemos demasiado interés en otras temáticas, pero tema y enfoque nos lo sugieren personas ajenas a la Fundación, normalmente para alguna aplicación “de su interés”, temas que, muy probablemente, ni se nos hubieran ocurrido.
Estos proyectos siempre salen, en primer lugar, de que se nos llena la boca ofreciéndolos y, además, que siempre presumimos de nuestras macros espectaculares y hay quien se encandila con ello.
En esta línea, hace unos años, un coleccionista de arenas tuvo “su” idea de crear un archivo fotográfico. A nosotros nos encantó la idea, sobre todo cuando pasamos los granos de arena a macro extremo… ¡parecían las rocas del rompeolas de cualquier puerto!
Estas “rocas”, estos “pedruscos” que invitan a buscar cangrejos entre ellos, los más grandes de las fotos, no llegan a un milímetro. Esto es lo que más nos impactó de este proyecto, como los mundos microscópicos nos sorprenden. Está claro que, probablemente, nunca se nos hubiera ocurrido que la arena era un modelo tan fotogénico.
En otra ocasión, un viticultor nos mostró sus instalaciones, viñas, prensas, fermentadores, bodega y nos dijo que “si queríamos hacer alguna foto”. El comentario lo hizo en la viña, en el mes de marzo, y, por casualidad, nos señaló un sarmiento podado, en argot un dedo, del que salía una gota de ¿agua?. Cosa normal para él, dijo que ya venía el buen tiempo, que la viña empezaba a “llorar”. A nosotros lo del “llorar” no nos sonó de nada, entonces el viticultor nos explicó que la planta empezaba a mover savia, después del invierno.
Ser un apasionado de algo, de lo que sea, arenas, vino, fotos de natura, etc., implica ser curioso y que te cuenten que “la viña llora” dio lugar a un proyecto que duró varios meses. En este otro artículo nuestro, https://fundacionpepbonetcapella.com/la-vina-llora-que-tendra-la-vina/, podéis ver, escrito y con fotos, lo que nos impresionó por lo novedoso.
Pero es que la curiosidad nos llevó a hacer 16 visitas fotográficas a la viña, entre marzo y agosto. Siempre en plan “artillero”, cargados como mulas, cámaras, trípodes, fuelles de macro, reflectores, etc… Vamos, mejor tratada la viña que una vedette. Por descontado que hicimos las fotos de rigor, lo que, quien más quien menos haría, cepas, hojas, racimos, etc. pero aprovechamos detalles de nuestra especialidad, como hacerle fotos a flores y hasta a polen. Este fue nuestro primer seguimiento de la fenología de una planta, la Vitis vinifera. De todas estas visitas hay un archivo de unas 500 fotos.
Esta es nuestra idea de “proyecto”, alguien que siente pasión por “vete tú a saber qué” nos habla de “sus” pasiones, incluso nos sugiere, o directamente nos pide, que le encantaría tener una foto de “algo de lo suyo” y nosotros, en la Fundación, empezamos a maquinar imágenes, en la mayoría de casos realmente empezamos a “estudiar”, porque si un apasionado te cuenta lo de la viña, de entrada nosotros somos legos en el tema. El que te cuenta, de lo suyo lo sabe todo, el viticultor sabe desde cultivar hasta fermentar y envejecer buenos caldos (cosa que nosotros no sabemos) pero traducir su pasión en imágenes ni siquiera se le ha pasado por la cabeza. Nosotros, sin embargo, no tenemos ni idea de que imágenes pueden ser definitorias, no que no sepamos hacer fotos, resulta que al no conocer el proceso no tenemos ni idea de qué fotografiar… Por eso, casi todos los proyectos empiezan estudiando.
También hay casos en los que un doctor en biología nos ha pedido una foto de las macro esporas de Isoetes histrix e Isoetes duriei, para la publicación de un artículo. Ambas plantas constan en el archivo de la Fundación.
En este caso ni estudiar ni crear, el pedido era muy concreto, las dos fotos que veis.
Ahora ha vuelto a suceder. Nuestra secretaria tiene amplia relación con el mundo de la hostelería y la restauración (por su trabajo, que los cargos en las fundaciones no se remuneran)
Hablando de promocionar el arroz, salió que, a las clásicas imágenes de paellas y risottos, se las podría complementar con imágenes de producto, aprovechando nuestra especialidad en macro fotografía. Otra idea sugerida por gente ajena a la Fundación, pero que nos ha parecido magnífica.
Hay que entender que la Fundación nace de una afición, no de la creación de una empresa productiva. Nosotros, yo, siempre hemos “jugado” a hacer fotos, el “rendimiento” no es nuestro punto fuerte. Por eso, a una sugerencia de hacer “unas fotos de producto”, hemos respondido exageradamente programando un reportaje de la fenología del arroz. Es que el seguimiento de la viña nos resultó muy divertido, muy en nuestro estilo de hacer fotos para disfrutar. Evidentemente, si lo hiciéramos para ganarnos la vida no sería rentable pero, como contrapartida, quedan archivos muy interesantes para la posteridad.
Hemos empezado por contactar con agricultores del arroz. En Mallorca, en Sa Pobla, donde hay una albufera, donde hay tierras anegadas, se cultiva arroz desde hace generaciones. Llegó a haber más de treinta agricultores dedicados a ello, hoy creo que solo quedan cinco o seis, pero se sigue sembrando Oryza sativa var. Bombeta, casi casi para consumo local. D. Juan Campets nos mostró sus tierras, la maquinaria para descascarillar y pulir el grano, y colaboró ampliamente en eso que tenemos que hacer en cada proyecto, “aprender, estudiar”. Además, nos regaló un puñado de semillas para suavizar nuestro trabajo de documentadores.
Ya en casa, hemos empezado el proyecto. Lo primero hacer una “plantación” en el balcón.
Esta “plantación” nos ayudará mucho a documentar pequeños detalles del tallo, hojas, espigas, flores, etc. Muchos de esos detalles se observan de un día para otro y esto representaría un montón de viajes a los campos de producción (100 km cada viaje) Gracias a esto tendremos novedades cada mañana, “en nuestra sede”. Total, vamos a la Fundación todos los días. Esto lo aprendimos en la viña, que nos costó 50 km cada viaje y que, a veces, puedes llegar “temprano o demasiado tarde” a la foto.
Una vez asegurada la “plantación” solo queda esperar unos meses, hasta que la planta presente novedades interesantes… aquella frase tan sumamente pausada de “ver crecer la hierba”.
Nosotros no tenemos tanta paciencia, ya hemos empezado a documentar el grano y hemos empezado una germinación de laboratorio para ir creando archivo… que de este archivo, esperamos, saldrán las fotos para restauradores.
Nuestra postura tiene un punto interesante, no solo aportamos una visión estética, también, obligados por haber tenido que estudiar acerca de nuestro modelo, podemos aportar detalles científicos o técnicos, información útil al usuario que, hablando de paellas, nunca hubiera salido en la conversación.
Documentar la fenología de una planta consiste en eso, en crear documentos de todo lo que le acontece a la planta para crecer y reproducirse. Mostrar que el grano tiene germen para poderse reproducir. Germen que nunca veremos en el paquete de arroz del súper, puesto que se cae con el descascarillado y el pulido.
Esto que os hemos mostrado son los primeros días de trabajo de un proyecto que durará unos seis meses. En estos pocos días el archivo ya tiene treinta fotos, dentro de unos meses ya serán cientos. Esta es nuestra forma de enfocar una “Documentación”.
De este archivo, seguramente unas pocas fotos serán útiles a los restauradores, pero es que la Fundación está abierta a quién la necesite. En el archivo habrá fotos útiles a científicos, a comunicadores, quizá a agricultores, etc. Nuestra intención es hacer una documentación, lo más exhaustiva posible, de un acontecimiento como es la vida de una planta de arroz y legarlo a la posteridad.
Y, ya hablando de posteridades, cambiando el tema de este artículo por otro, importantísimo para nosotros, a fuer de ser pesados, os rogamos que leais y difundais este otro artículo nuestro en el que “analizamos la posteridad”, nuestra posteridad. https://fundacionpepbonetcapella.com/el-futuro-de-la-fundacion/. Gracias.