TRASMOCHOS, COMO SE HIZO

TRASMOCHOS, COMO SE HIZO

Existen muchas justificaciones para tomar fotografías, desde los más banales “selfies”, una forma de narcisismo, hasta las más profundas manifestaciones del arte visual. En muchos casos solo se pretende dejar constancia “del momento”, muchísimas fotografías se miran un par de veces, se guardan en un cajón (actualmente ni eso, van a parar a la nube) y quedan a la espera de si, por casualidad, por alguna limpieza general, volverán a salir a la luz y alguien exclamará aquello de “qué jóvenes estábamos”.

Nosotros, en la Fundación, tenemos como “excusa” la documentación científica. En realidad “mentimos como bellacos”, en realidad nos encanta hacer fotos, eso de la luz, los contraluces, la composición, el claroscuro, la proporción áurea, disponer las vistas como hemos aprendido de los grandes maestros de la pintura… Vamos, que nos encantaría “ser artistas”. Como solo llegamos a donde llegamos, aplicamos todo nuestro saber a documentar cosas para que sesudos científicos puedan documentar gráficamente sus investigaciones con imágenes de una cierta calidad y toda la delicadeza que somos capaces de añadir.

Es sabido que nuestra especialidad es la macro y micro fotografía, nos hemos especializado en objetos desde 100×100 mm hasta 1×1 mm, con imágenes de alta definición, aplicando toda nuestra sensibilidad visual. Pero, en algún momento, apareció la documentación de árboles (ya éramos expertos en flores, frutos y semillas) y, en algún momento, nos dimos cuenta de una carencia, no teníamos documentación de los vegetales “grandes, gordos y sólidos”.

Empezamos a fotografiar árboles, pero odiamos las simplezas como, por ejemplo, el puñado de alubias sobre una cartulina blanca, iluminada con un flexo, nos parece pobre como foto de semillas. Un árbol aislado creemos que “no motiva”. Si bien es cierto que la documentación científica consiste en porte, detalle de la corteza del tronco, forma de la hoja y fruto y semilla, si procede. Nosotros somos más de “gozar” la naturaleza, de apreciar el árbol en su entorno. Ya, en un principo, empezamos a encuadrar nuestros árboles en su entorno, a crear panorámicas que mostraran el paisaje donde se integran. Automáticamente, si bien usábamos una cámara de formato medio, de 51 Mpx, la información nos pareció pobre, por muchos píxeles que tuviera la foto, las hojas, las briznas de hierba, se diluían y si se querían ver, no se apreciaban en detalle.

Por eso pasamos a crear mosaicos de fotos, para recoger el máximo posible de información del entorno del árbol que estábamos documentando. La foto de portada, por ejemplo.

Por descontado que la foto podría tomarse con un móvil, pero si, para la misma vista, se junta la información de cuatros fotos de alta calidad, tenemos muchísima más información.

No hay ningún problema en “hacer pequeño algo grande”, en una foto de 76 millones de píxeles como es la de portada, con las luces perfectamente ajustadas, con el contraste controlado, el científico de turno puede recortar un trocito del tronco, o de la hoja, o un fruto (si apareciera) y documentar su estudio… pero también podría usarse toda la foto para crear el poster para la conferencia sobre el árbol. Véase, por ejemplo, esta otra foto, el original tiene la friolera de 275 millones de píxeles, sacados de montar un mosaico de 10 fotos, ¡está claro que se pueden hacer los recortes que apetezcan! Pero, además, con 25 Kpx de largo, nos podemos permitir hacer murales de casi tres metros para decorar el lugar de trabajo de los citados científicos… o las oficinas de los Centros de Interpretación de algún Parque Natural.

Nuestra filosofía es “no dar puntada sin hilo”, para documentar árboles no queda más remedio que desplazarse al bosque,  gasto de combustible, tiempo, cansancio por tener que andar montañas, a veces la “mortificación” de tener que “sobrevivir” con la cocina del lugar visitado.

Hacer el esfuerzo para sacar una simple foto de móvil suena a desperdicio. En estos casos hay que llevar todo el equipo disponible y sacarle el máximo rendimiento. Aguantar una mañana de lluvia para las fotos de Momo exige aprovechar tiempo y viaje.

Esto es lo que hemos hecho en nuestra última aventura. Nos desplazamos a Euskadi, concretamente a la zona del Parque Natural de Gorbeia, para documentar trasmochos. No os daremos la vara con explicaciones, si hay alguien interesado, en nuestra web, en el blog hay varios artículos sobre el tema, https://fundacionpepbonetcapella.com/chopos-cabeceros/, https://fundacionpepbonetcapella.com/trasmochos/. Además, en nuestra galería hay muestras de nuestros archivos, https://drive.google.com/drive/folders/12PmntMMgElBAtcKOVk3owuXQL8OqmJt1. Salimos un sábado, nos recogieron en Barcelona con una furgo camperizada, para tener más movilidad y comodidad de organización, fuimos hasta Euskadi, dedicamos tres días a fotografiar trasmochos (con la inmensa suerte de que la lluvia nos respetó bastante) y volvimos a Barcelona, a embarcar para Palma, el jueves siguiente. Una semana de dedicación a los trasmochos ha rendido el registro de 35 fotos en el archivo de la Fundación ocupando, en total, la hermosa cantidad de 25,9 Giga bytes…pero claro, es que si las fotos se toman para murales dan trabajo y “pesan” una barbaridad. Todo eso para conseguir algunas fotos de este estilo.

Del día que descubrimos que nuestro archivo era incompleto por no tener árboles hasta hoy, ya tenemos una pequeña selección de más de mil registros, del estilo de los que acompañan este artículo. Esta es parte de la función de la Fundación, la otra parte, el compromiso de transmitir nuestros conocimientos y crear escuela no va tan rápido, sigue siendo lento lo de encontrar acólitos… ¡Pero no nos desanimamos, en algún momento lo llegaremos a conseguir!

Trasmochos

Trasmochos

¡Mi Community Manager me acaba de dar un tirón de orejas!

Desde que pusimos en marcha la web de la Fundación Pep Bonet Capellá que tengo abandonada mi web personal.

En parte tiene razón, es que yo soy “de la vieja escuela” y no me adapto al ritmo frenético y a la simplificación de las redes sociales. Creo que, para mi suerte, fui educado en un estilo renacentista. Ya de niño, mezclaba el ir a pescar con la astronomía y el recuento de buitres negros en la Serra de Tramontana y ya se sabe que “lo que se aprende con babas no se olvida con canas” (hace tiempo, leyendo otra cosa, encontré este párrafo que viene al pelo en este refrán, por lo de viejas, “En España la primera colección de Paremias corresponde al Marqués de Santillana y lleva por título Refranes que dicen las viejas tras el fuego”)

La verdad es que sí he seguido compartiendo actividades, pero cada vez me he ido limitando más a la “oficialidad” de la Fundación. En mi web personal compartía mi espíritu aventurero contando mis viajes, mientras que en la Fundación pienso que mis actividades privadas no son relevantes, estoy tratando a la Fundación como a una empresa y a sus seguidores como clientes interesados en sus actividades… Y, en el mundo empresario, suele ser importante la eficiencia. Las cuestiones personales se dejan para “fuera de la empresa”. Básicamente escribo sobre aplicaciones y avances de la Fundación.

En fin, toda esta parrafada para reconocer que mi Community Manager tiene razón.

Entonces, aunque sea con retraso, retomaré mis viejas costumbres y contaré, resumida, mi última aventura.

Todo va en gustos, hay quien gusta de cruceros por el Mediterráneo, otros de visitar grandes urbes, museos y arquitectura. ¡Para mi no hay nada como la naturaleza!

La última salida fue en noviembre pasado, me dio por ir a fotografiar TRASMOCHOS.

Que ¿qué son trasmochos? Pues una técnica de producción de madera con alto rendimiento, que lleva usándose cientos de años (en Japón aún está en uso)

Al árbol se le hacía una poda severa dejando solamente una muestra de las ramas más gruesas y, preferentemente horizontales. En estos “tocones altos” brotaban chupones que se controlaban y se distribuían de tal manera que no se estorbaran entre sí. Era bastante fácil que un tronco tuviera su docena de chupones, que iban a crecer bien rectos y verticales y que, en 15 o 20 años tendrían una buena docena de troncos maderables.

Como puede verse, una forma de incrementar la producción, incluso de mejorarla, en el sentido que era muy fácil controlar el crecimiento de estos “árboles de segunda generación” consiguiendo controlar su rectitud y evolución.

La zona recorrida empezó en Euskadi, concretamente en los bosques del norte de Vitoria y, como había que embarcar en Barcelona, fuimos recorriendo el Pirineo navarro hasta Irati.

Viajando se aprende mucho, por ejemplo, que, en Euskadi, debido a su industria del hierro necesitaron muchísimo carbón y que, por eso, fue una de las regiones de España donde prosperó más el trasmocho. Postura inteligente, un trasmocho, por cada pie, da mucha más madera que un bosque nuevo.

En el mismo Euskadi, pero durante la guerra civil, se perdió la idea de una economía con visión de futuro y, necesitados de combustible, arrasaron todo cuanto árbol encontraron. Por eso, en los bosques de Zubiri donde se montó una fábrica de munición, no queda ni un trasmocho, ¡arrasaron! Es triste, pero se perdieron cientos de años de cultura y tradición… También es cierto que con la citada guerra se perdieron muchísimas más cosas, vidas incluídas.

No es un diario de viaje, de hecho, si viajo acompañado o en grupo no suelo escribir diario, pero al menos es un resumen y una pequeña visión de esta última aventura.

Curiosamente, en Irati y todo y haber otra fábrica de armas en Orbaiceta, a pocos km, si que se salvaron trasmochos (que ya no se trabajan) Igual porque el río Irati, que corre “por el interior de la fábrica” les pudo proporcionar la energía necesaria.