Después de haber hecho estas fotos “submarinas” de una lenteja de agua, yo ya me creía el rey del mambo.
Hace una semana, dirección e investigadores de un organismo científico mallorquín propusieron a la Fundación documentar una posible primera cita, un bichito acuático de algo más de un milímetro, con cilios que lo definen. Precisamente, más importantes eran los cilios que el bicho en si, por esta razón era muy importante hacer las fotos con el bichito posado, inmóvil, en el agua… para que los cilios tomaran su postura natural.
Con magnificación X20, sobre nuestro sensor, cubrimos un campo de 2,2×1,65 mm, ideal para el personaje. Como que tenemos amplia experiencia en esta magnificación (de hecho tenemos dos cámaras que la cubren) nos pareció trabajo fácil.

Este desastre es lo primero que sacamos. Empecemos por el cuarto creciente de luna de la derecha. Nada que ver con el bichito, es un reflejo creado en alguna curvatura del agua… aquí empezamos a sospechar que el trabajo no iba a ser nada fácil.
Las manchas amarillas son sacos de huevos, pero “con y sin” foco. Los cilios directamente desenfocados. El cuerpo igual a los huevos, trozos si, trozos no, cerca del brillo unas “rayas” bordeando el cuerpo. En fin, una imagen que nada tiene que ver con el bicho original.
Ante la evidencia, tomémoslo con calma. Nuestra micro cámara va instalada en un rail motorizado y controlado por ordenador, todo montado en horizontal, es esta maravilla.

Precisión de media micra, altamente estable, no vibra y avanza y retrocede en horizontal… Entonces las muestras deben colocarse “verticales”, en la cazoleta blanca que hay frente al objetivo… ¡Hasta que te dicen que la muestra es agua!
Está claro que si llenamos la cazoleta de agua, tal como está en la foto, el agua se caerá encima de los micrómetros de centrado… ¡Mala idea!
Entonces se nos ocurrió “otra mala idea”, hacer un taladro de pocos milímetros, depositar, dentro, una gota de agua con el sujeto y que el conjunto se aguantara por la tensión superficial del agua. Esta parte de la física funcionó perfectamente, la gota quedó sujeta a las paredes del agujero, solo que las tensiones superficiales crearon una gota aleatoriamente deformada. Usar un objetivo de alta calidad y precisión para fotografiar un sujeto a través “lentes aleatorias” está claro que será un fracaso… ¡y lo fue! Estos enfoques aleatorios y deformaciones se multiplicaron por 236, ¡los 236 planos tomados para hacer un apilado. Visto así, la foto del bicho es, casi, ¡“una buena foto”!
Hubo que replantear nuestro estudio, rediseñar nuestro rail para que trabajara en vertical… Menos mal que, al comprarlo, pensamos en esta eventualidad y elegimos uno con motor de potencia suficiente para subir y bajar cámara y accesorios, algo más caro, pero… “por lo que pudiera ser”.
En fin, como las desgracias nunca vienen solas, esta historia nos pilló en fin de semana, tiendas y talleres cerrados. El proveedor habíamos visto que tenía accesorios para verticalizar pero no sabemos estarnos de brazos cruzados. Como que al comprar el rail tuvimos que diseñarle una base, compramos perfiles de aluminio y compramos uno de más. Con esto y un martillo, cualquier mecánico fabrica un avión, jajaja. Con un poco de inventiva pudimos hacer un soporte bastante sólido para verticalizar nuestro rail, en principio sujetado con contrapesos de plomo, manifiestamente mejorable, pero en sábado por la tarde ¡un éxito.

Apareció otro problema, en horizontal el rail se mueve si lo empujas, en vertical ¡SE CAE! Aprovechamos para fabricarle un ajuste vertical, sencillo pero efectivo, ¡ya podemos trabajar en vertical!

Ahora apareció otro problema, escribiendo el artículo hemos pasado de horizontal a vertical en un plis-plas, la realidad fue más complicada, le dedicamos casi todo el sábado y algo del domingo. Hubo que mecanizar algunas piezas “manualmente” (no disponer de taller y maquinaria tiene estos inconvenientes) y hubo que hacer pruebas (ensayo-error) para tener la seguridad de que lo estábamos haciendo bien. Ello supuso maltratar en demasía a los pocos sujetos que debíamos retratar, bichitos gelatinosos de algo más de un milímetro. Acabamos rompiéndolos, nos quedamos sin “artistas”. A grandes males, grandes remedios, hicimos una excursión a una acequia i nos dedicamos a pescar otros bichitos, totalmente vulgares, nada de primeras citas, pero de tamaño y características parecidas. El importante es un Copépodo y nosotros encontramos Ostrácodos… Para nuestro nivel de biología, casi iguales, todos terminan en “odo”, jajaja.




Cuando estábamos creando la Fundación, cuando redactábamos estatutos y código ético, creamos el lema de la Fundación, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”. Espero que nadie dude de que somos fieles a nuestro lema, ¡hasta compartimos el como afrontamos los desafíos!
La verdad es que, al no tener que ganarnos la vida con nuestras fotos, disfrutamos enfrentando estos retos. No son en absoluto rentables, pero sí muy divertidos.
Lástima que aun no hayamos sido capaces de conseguir acólitos, futuros herederos de la intelectualidad y saber hacer de la Fundación. Lo he dicho muchas veces, el mayor tesoro de la Fundación no es su archivo, siendo importante. Nuestro mayor tesoro es nuestro conocimiento y nuestra experiencia, nuestra capacidad para enfrentar retos… y convertirlos en documentos.