Tenemos un nuevo seguidor que nos saludó y nos contó que empezaba sus “primeros pinitos” en micro fotografía con microscopio. Saludos, Rafa.
Nos ha parecido interesante hacer un repaso de algunas cosas que ya hemos publicado, sueltas, en otros artículos. Cuando empezamos a hacer fotos con microscopio, en un aparato prestado por el Jardín Botànico de Sóller, nos fiamos de la experiencia que ellos tenían, incluso las dos o tres primeras fotos las hicimos con su cámara… pero, según nuestros estándares, la calidad fotográfica que ellos usaban estaba muy por debajo de nuestras exigencias. Esto nos llevó a sustituir su compacta por una PANASONIC formato MICRO 4/3, no era nuestro ideal, pero era lo mejor que teníamos a mano y usar microscopio era una “emergencia” para algunas carencias del libro que estábamos escribiendo (DIÀSPORAS Fruits i llavors de la Flora balear DISPERSIÓ, publicado en trilingüe) Funcionó y la publicación fue de calidad.
Ante nuestra nula experiencia en el tema, nos llamó la atención que se colocaba la cámara “con objetivo”, sin ningún ocular, en el “tercer ojo” de un microscopio trinocular. Hubo que estudiar para entender cómo iba la composición óptica.
En microscopios de cierta calidad, el objetivo suele ser “corregido a infinito”, veamos que significa esto.
Recordemos, algo llevamos escrito sobre el tema, que la luz, si encuentra obstáculos en su camino intenta rodearlos. Sucede algo parecido a las corrientes de agua, si en un río o canal hay una piedra o rama estorbando, el agua (que puede llegar mansa) sale del obstáculo formando remolinos. La luz, en su camino, tiene comportamientos parecidos, se le llama difracción y desmejora la imagen. Una experiencia de difracción que todo el mundo conoce es que la luz reflejada en un CD forma colores de arcoiris, ello es debido al microscópico grabado de la superficie del CD, la luz que llega al CD se refleja siguiendo caminos aleatorios, no se refleja, límpia, como en un espejo. Esto demuestra que la luz es muy sensible a interferencias en su camino.
Por eso, en los objetivos fotográficos, que tienen diafragmas, láminas que “estorban el paso de la luz”, siempre con la mejor intención de regular la exposición y, de paso y como regalo añadido, regular la profundidad de campo, conforme vamos cerrando diafragmas vamos aumentando los problemas de difracción. Lo normal es que el objetivo sea ópticamente perfecto hasta, más o menos, la mitad de diafragmas. A partir de ahí empieza a perder calidad.
En microscopía, y debido a que los campos de observación son muy pequeños, no nos podemos permitir “ninguna pérdida”, hay que sacar el máximo rendimiento a la física. Y, por eso, empezamos con que la pupila de entrada de un objetivo de microscopio suele ser muchísimo mas grande que el objeto a observar. En nuestro caso, tenemos un objetivo 50X que nos reproduce con gran calidad un campo de 0,88×0,66 mm. Pues bien, para esta miniatura, el objetivo tiene una pupila ¡de 17 mm de diámetro! Que la luz que nos interesa, la del objeto a observar, ¡ni siquiera se acerque a las paredes, que no roce nada!
Además, en el caso del microscopio, actualmente, es normal intercalar objetos ópticos, como divisores de haz, para mirar con los dos ojos, por comodidad, o para acoplarle una cámara y dejar constancia en un documento de la imagen vista. El objetivo de microscopio, al igual que una lupa o un objetivo fotográfico, debería crear una imagen. De hecho, hasta allá los años 70 eso era así. Los microscopios antiguos solian ser de mirar con un solo ojo y con objetivos que se enfocaban en un punto, normalmente entre 150 y 200 mm de distancia focal, creando una imagen y donde se colocaba el ocular, casi como cualquier objetivo de cámara, que donde se forma una imagen colocamos el sensor… Y si se quería una imagen, el observador la pintaba. Este estilo de trabajo le valió un Nóbel a Santiago Ramón y Cajal.
Como que intercalar objetos ópticos en el camino de un rayo perfectamente enfocado podría alterar gravemente este enfoque, en cuanto a geometría y color, se ha ido estandarizando que los objetivos de microscopio, además de evitar la difracción, la salida de luz no implique ningún enfoque, sale un haz de rayos perfectamente paralelo, “enfocado a infinito”, de tal manera que tenemos una imagen de gran calidad, pero no visible. Ahora resulta bastante fácil y, sobre todo, sin interferencia a la imagen microscópica, colocar los prismas, espejos y lentes que nos de la gana sin perder más que la calidad de la óptica añadida, pero respetando “la microscopia”.
Entonces, volviendo al principio de este artículo, volviendo a hablar de fotografía a través del microscopio, los microscopios trinoculares incorporan internamente prismas que separan la imagen infinita del objetivo. Un prisma desvía la imagen del objetivo a una lente de campo que, ésta si, enfoca la imagen infinita en un punto y este punto se reparte con otro prisma a dos oculares para mayor comodidad de observación. Otro prisma dirige la imagen enfocada a infinito, sin modificar, al “tercer ojo” del microscopio, para que podamos acoplar una cámara… pero, ¡ojo!, si no lo remediamos, en este tercer ojo no hay imagen, está la imagen enfocada a infinito, de alta calidad, directa del objetivo pero esto no nos creará ninguna imagen sobre un sensor, solo una mancha luminosa sin definir.
Esto es lo que encontramos en el microscopio del Jardín, y entonces descubrimos que era imprescindible colocar una “lente de tubo” que convirtiera el enfoque infinito en un “punto de enfoque”. En principio puede servir cualquier lente de aumento, cualquier lupa, para el efecto de enfocar en un punto, pero hay más. El fabricante del objetivo, al establecer una magnificación, nuestro objetivo 50X por ejemplo, lo construye con unas medidas determinadas. La luz saldrá enfocada a infinito, pero sera 50X cuando se use una lupa determinada, que el fabricante indicará en el objetivo (como en los objetivos finitos también indicaba a cuántos milímetros se formaba la imagen) Si usamos una lupa más o menos potente, respecto a la indicación del fabricante, tendremos una imagen perfecta, pero no tendrá por qué coincidir con la magnificación indicada en el objetivo, podrá ser mayor o menor de nuestro 50X. Además, convendrá que la lupa sea de calidad, si tiene aberraciones cromáticas o geométricas se las incorporaremos al “magnífico objetivo de enfoque infinito”.
Ahora ya empezamos a entrar en el vocabulario del fotógrafo macro, si decimos que “esto es un macro 1:1 o 50X”, queremos decir que la imagen sobre el sensor es, exactamente, igual a la imagen original o 50 veces mayor. Si no hay implicaciones científicas, el tamaño puede no importar. Que el tamaño real de la araña sea de 15 mm o de 1,5 mm puede dar fotos igual de bonitas, pero no le parecerá igual al biólogo que la esté clasificando o estudiando. ¡Para nada seran la misma familia!
Los valores comunes que usan los fabricantes para la lente de tubo, necesaria para restituir una imagen visible, son f = 164,5 mm, 180 mm, 200 mm y 250 mm. Simultáneamente, si accedemos a las características técnicas del objetivo en cuestión, el fabricante suele recomendar un tamaño de sensor para aprovechar la imagen creada al 100%.
En el mercado, para poder usar objetivos de microscopio, corregidos al infinito, como objetivos de cámara existe la marca RAYNOX, especializada en fabricación de lentes auxiliares para modificar ópticas estandar, conversores macro, conversores tele y, lo que nos interesa ahora, lentes de tubo, de las distancias focales citadas, para convertir en finitos objetivos de microscopio de corrección infinita. Una lente Raynox y un cuerpo de cámara es una solución muy usada en micro fotografía.
La otra posibilidad es recurrir a un objetivo fijo de cámara, cuya distancia focal coincida con las especificaciones del fabricante del objetivo de microscopio. Puede ser una buena solución por varias razones. En primer lugar, si es un buen objetivo tendrá buenas correcciones de color y geometría, no apareceran los colores del arco iris ni veremos imágenes deformadas en los bordes. Además, el fabricante del objetivo lo habrá ajustado perfectamente para que, enfocado a infinito, cubra el sensor sin viñetear. Y un objetivo siempre es el equivalente a una lupa de la misma distancia focal, de mejor calidad que un cristal “pelado”.
Si acoplamos nuestra cámara con objetivo al tercer ojo de un microscopio habrá que encontrar adaptadores de la rosca del filtro de nuestro objetivo a la rosca del tercer ojo o a la rosca de un tubo que se pueda insertar en el tercer ojo. Si no usamos nuestro objetivo, habrá que montar un “mecano” con la correspondiente lente Raynox o de otra marca (que sea de buena calidad) y la bayoneta de nuestro cuerpo de cámara. En la foto de portada mostramos la solución adoptada para incorporar un objetivo de microscopio a nuestra cámara (montado directo, sin el cuerpo del microscopio) El objetivo de microscopio va roscado a la rosca de filtro de un objetivo SMC PENTAX 67, para poder cubrir el sensor de 44×33 mm de una FUJI GFX 50R. En realidad, para hacer fotos solo necesitamos objetivo, lente de tubo y cuerpo de cámara. El resto del microscopio solo se usa para mirar… bueno, si, la mesa y portaobjetos para enfocar.
Una nota, ya que estamos en ello, en los microscopios, aunque tengamos dos oculares, uno para cada ojo, no vemos en relieve. El microscopio “solo” tiene un objetivo y “una sola” imagen. Sin embargo en las lupas binoculares, realmente, si que hay dos objetivos, tenemos visión en estéreo y, si tiene tercer ojo, la foto se hace “solamente” con uno de los dos objetivos.
Esta foto de portada está ligeramente reencuadrada de un macro X1, tomado con Fuji GFX50 de formato medio (sensor 44×33 mm) Estas violetas miden, cada una, alrededor de un centímetro y toda la zona enfocada, la “profundidad de campo”, está sobre unos 4 cm. Los fotógrafos dedicados al macro apreciarán esto en lo que vale.
Años atrás, antes de popularizarse la fotografía digital, en la época de usar película y de disparo “único”, conseguir esta profundidad de campo era ciencia ficción. Exprimíamos nuestros objetivos hasta caer en la difracción por exceso de diafragmado, cambiábamos enfoque por definición… en castellano se dice “saltar de la sartén para caer en las brasas”… Los más afortunados, los “reyes del mambo”, teníamos objetivos descentrables y usábamos técnicas “profeSSionales” (con dos eses) como pueda ser la corrección de Scheimpflug.
Cuando empezó a usarse fotografía digital, antes de que se “inventara” la IA, se crearon programas que son capaces de leer los millones de píxeles que haga falta y saber cuales están enfocados y cuales no. Entonces, sin ninguna inteligencia pero con una capacidad de trabajo de muchísimos millones de operaciones, el programa va “apilando” los píxeles buenos y tirando los malos. Una vez inventada esta maravilla, lo único que hay que hacer es tomar fotos en diferentes planos, que el programa se encargará de crear una foto única… eso si, tardando un tiempo considerable. Como anécdota, el apilado máximo que he realizado, con una micrografía, fue de 1098 tomas de formato medio, 8256×6192 px, con un PC a 2,5 GHz, SO 64 bits y 128 GB de RAM… el programa de apilado tardó más de TRES horas en ejecutarse.
Pues bien, todo esto era para decir que una ligera brisa se puede cargar tantos gigahercios i gigabites en un soplo. El programa de apilado puede comparar todas las fotos que haga falta, con lo grandes que nos de la gana… ¡pero han de ser FOTOS IGUALES! Si una hoja, o pétalo, o lo que sea cambia de posición el programa de apilado no tiene nada para comparar, para el programa son fotos diferentes que superpondrá.
Este es un ejemplo, esta foto, tomada en el mismo sitio, con pocos minutos de diferencia, mismo equipo, mismo trípode, misma técnica, PERO EMPEZÓ LA BRISA DE MEDIA MAÑANA. El apilado se ha vuelto loco, ha perdido sus referencias y repite imágenes ligeramente desplazadas, “movidas”. ¡Y todo esto por una ligera brisa!
Pero no hay mal que por bien no venga, cuando daba por finalizada la sesión, por la brisa, me di cuenta de una curiosidad. En este caso estaba haciendo fotos a Viola arborescens, en la cuneta de una carretera. Nota: siempre dejo la mochila en el arcén, bien visible para prevención a los vehiculos. Por descontado que me preocupo “muy mucho” de no pisar la calzada, noventa kilos de carne contra 2000 kilos de hierro, está claro quién pierde, pero mejor poner a los conductores en sobreaviso.
La curiosidad es que, al pasar un vehículo, cuanto más grande y cuanto más rápido, más viento genera. Cada coche rodando crea una onda de choque de aire, por eso la Ley obliga a dejar el margen de 1,5 metros a los ciclistas, por el peligro de que el soplo los desestabilice y pudieran accidentarse. Entonces me di cuenta que este choque de aire que me llegaba es, en realidad, una onda de choque que se expande… Durante un corto espacio de tiempo, el intenso viento provocado por el vehículo me sacudía, a mi, a la cámara y a mis florecillas, pero pasaba de largo y ¡ésta es la maravilla! Durante unos segundos (suficientes) contenía la brisa. Resulta que si hacéis fotos de natura en las cunetas, los pesados y desagradables coches que ruedan a gran velocidad son vuestros aliados en lo que a brisas inoportunas se refiere.
La foto de portada aprovechó esta curiosidad, es un apilado de 12 tomas, o sea, se hicieron 12 fotos, en este caso separadas 3 mm cada toma, mas la profundidad de campo añadida por cerrar el diafragma a f16 (el objetivo permite hasta f45, pero en f16 no hay ninguna difracción) lo que nos da estos 40 mm de profundidad de campo perfectamente límpia. Avanzaba los 3 mm, esperaba a que pasara un coche (por suerte había tráfico) y en el momento del “rebufo”, en la calma momentánea cuando la brisa se congela, ¡CLICK, FOTO!
Esto solo sirve para fotos de carretera, en la montaña no hay coches que ayuden, ¡pero bien venido sea el truco!
Nuestra divisa, “Documentar y Compartir”. Por descontado que “Documentar” estas violetas, Viola arborescens, y “Compartir” con quien pueda necesitar estas imágenes… Pero hacemos algo más, “Compartimos” nuestros conocimientos. Como Fundación no tenemos secretos, no somos un negocio que debe sacar beneficios y no puede “favorecer” a la competencia, so pena de tener pérdidas. De hecho nosotros, como Fundación altruista que somos, no competimos con nadie, nos podemos permitir, y nos encanta hacerlo, “Compartir” nuestras técnicas.
Si algo nos caracteriza es que reconocemos nuestros errores. Va en nuestra forma de ser, creemos que el conocimiento se debe compartir y, si algo hacemos mal, creemos que es importante evitar que otros repitan el mismo fallo… Toda una vida de profe imprime carácter.
Todas estas fotos que os voy mostrando, se tuvieron que hacer “enfocando sin respirar” (jajaja). Las vibraciones del equipo, trabajando a nivel de micras, eran un incordio.
Incluso otro problema, que ya viví hace años en un observatorio astronómico de aficionado. Tanto la microscopía como la telescopía aumentan la agudeza visual. Los humanos podemos distinguir cosas que abarquen un minuto de arco, por ejemplo llegar a separar motas de polvo de 0,2mm. Con mi microscopio montado sobre madera puedo separar cosas de 5 micras, 40 veces más agudeza que a ojo desnudo. Pero el mero hecho de caminar convierte la imagen en “una coctelera”… Igual que pasaba con el telescopio puesto en el piso.
Por descontado que hemos tomado buena nota. Porque no llegamos a más, por ahora, la Fundación reside y trabaja en un piso, pero el día que lleguemos a establecer una sede “más permanente” deberá ser en una planta baja. Ni siquiera será aceptable que, al menos en la zona de estudio fotográfico, exista el más leve indicio de sótano o suelo elevado (para aislamiento de humedades) ¡Parece mentira lo pequeña que es una micra y lo mucho que vibra un suelo en voladizo!
Por seguir mostrando trabajos, un detalle de los palpos de una garrapata, con el espolón con sus ganchos, esos “anzuelos” que hacen que si se arranca la garrapata de malos modos el espolón pueda quedar clavado y se infecte.
Hay más fotos, solo se trataba de mostrar que, a pesar de la incomodidad, hemos ido trabajando unos meses. Encuadrábamos y enfocábamos con mucha paciencia. Cuando todo estaba a punto poníamos la secuencia en marcha y abandonábamos la habitación hasta que se terminaran todas las tomas… La suerte es que todo el proceso, avances y disparos, lo controla un PC, por lo que, en el peor de los casos, podíamos cargarnos una o dos fotos de varios cientos.
La verdad es que las muestras hablan por si mismas, incómodas de trabajar, pero con buena calidad.
Con el nuevo montaje, con la sustitución del soporte de madera por una base en estructura de aluminio de 4cm de espesor, tal como se ve en la foto de portada, las vibraciones han desaparecido y, ahora, el trabajo es más cómodo.
En fin, nuestra Fundación es esto, COLABORACIÓN, Lo mismo podemos colaborar compartiendo nuestro trabajo archivado, que podemos participar documentando “a medida”. Pero es que también enseñamos lo que hacemos y, como colofón, si metemos la pata lo pregonamos a los cuatro vientos, para evitar que el error se repita… ni nosotros ni el resto del mundo, si ello es posible. ¡Siempre a vuestra disposición!
Por ejemplo estos granos de polen de azafrán, Crocus sativus. O esta foto del pecíolo de una hoja de olivo, para un estudio del movimiento voluntario de las plantas o unas semillas de orquídea.
Todas estas fotos que os voy mostrando, se tuvieron que hacer “enfocando sin respirar” (jajaja). Las vibraciones del equipo, trabajando a nivel de micras, eran un incordio.
Incluso otro problema, que ya viví hace años en un observatorio astronómico de aficionado. Tanto la microscopía como la telescopía aumentan la agudeza visual. Los humanos podemos distinguir cosas que abarquen un minuto de arco, por ejemplo llegar a separar motas de polvo de 0,2mm. Con mi microscopio montado sobre madera puedo separar cosas de 5 micras, 40 veces más agudeza que a ojo desnudo. Pero el mero hecho de caminar convierte la imagen en “una coctelera”… Igual que pasaba con el telescopio puesto en el piso.
Por descontado que hemos tomado buena nota. Porque no llegamos a más, por ahora, la Fundación reside y trabaja en un piso, pero el día que lleguemos a establecer una sede “más permanente” deberá ser en una planta baja. Ni siquiera será aceptable que, al menos en la zona de estudio fotográfico, exista el más leve indicio de sótano o suelo elevado (para aislamiento de humedades) ¡Parece mentira lo pequeña que es una micra y lo mucho que vibra un suelo en voladizo!
Por seguir mostrando trabajos, un detalle de los palpos de una garrapata, con el espolón con sus ganchos, esos “anzuelos” que hacen que si se arranca la garrapata de malos modos el espolón pueda quedar clavado y se infecte.
Hay más fotos, solo se trataba de mostrar que, a pesar de la incomodidad, hemos ido trabajando unos meses. Encuadrábamos y enfocábamos con mucha paciencia. Cuando todo estaba a punto poníamos la secuencia en marcha y abandonábamos la habitación hasta que se terminaran todas las tomas… La suerte es que todo el proceso, avances y disparos, lo controla un PC, por lo que, en el peor de los casos, podíamos cargarnos una o dos fotos de varios cientos.
La verdad es que las muestras hablan por si mismas, incómodas de trabajar, pero con buena calidad.
Con el nuevo montaje, con la sustitución del soporte de madera por una base en estructura de aluminio de 4cm de espesor, tal como se ve en la foto de portada, las vibraciones han desaparecido y, ahora, el trabajo es más cómodo.
En fin, nuestra Fundación es esto, COLABORACIÓN, Lo mismo podemos colaborar compartiendo nuestro trabajo archivado, que podemos participar documentando “a medida”. Pero es que también enseñamos lo que hacemos y, como colofón, si metemos la pata lo pregonamos a los cuatro vientos, para evitar que el error se repita… ni nosotros ni el resto del mundo, si ello es posible. ¡Siempre a vuestra disposición!
Como podéis ver en ambas fotos, mismo equipo, mismo material, misma técnica, pero con un montaje más sencillo en la antigua versión. En su momento nos pareció que unificar soporte de muestras y rail motorizado sobre una tabla de dos centímetros de grueso podía funcionar, ¡grave error! Este equipo trabaja con dos objetivos de microscopio, un 20X, campo de 2200 micras a 3,75 px/micra, y un 50X, campo de 880 micras a 9,4 px/micra. Nuestra confianza en un tablero fue excesiva, tanto al intentar enfocar como al realizar las tomas las vibraciones eran un desastre. Así y todo, algunos trabajos hemos hecho en el rango de la microscopía
Por ejemplo estos granos de polen de azafrán, Crocus sativus. O esta foto del pecíolo de una hoja de olivo, para un estudio del movimiento voluntario de las plantas o unas semillas de orquídea.
Todas estas fotos que os voy mostrando, se tuvieron que hacer “enfocando sin respirar” (jajaja). Las vibraciones del equipo, trabajando a nivel de micras, eran un incordio.
Incluso otro problema, que ya viví hace años en un observatorio astronómico de aficionado. Tanto la microscopía como la telescopía aumentan la agudeza visual. Los humanos podemos distinguir cosas que abarquen un minuto de arco, por ejemplo llegar a separar motas de polvo de 0,2mm. Con mi microscopio montado sobre madera puedo separar cosas de 5 micras, 40 veces más agudeza que a ojo desnudo. Pero el mero hecho de caminar convierte la imagen en “una coctelera”… Igual que pasaba con el telescopio puesto en el piso.
Por descontado que hemos tomado buena nota. Porque no llegamos a más, por ahora, la Fundación reside y trabaja en un piso, pero el día que lleguemos a establecer una sede “más permanente” deberá ser en una planta baja. Ni siquiera será aceptable que, al menos en la zona de estudio fotográfico, exista el más leve indicio de sótano o suelo elevado (para aislamiento de humedades) ¡Parece mentira lo pequeña que es una micra y lo mucho que vibra un suelo en voladizo!
Por seguir mostrando trabajos, un detalle de los palpos de una garrapata, con el espolón con sus ganchos, esos “anzuelos” que hacen que si se arranca la garrapata de malos modos el espolón pueda quedar clavado y se infecte.
Hay más fotos, solo se trataba de mostrar que, a pesar de la incomodidad, hemos ido trabajando unos meses. Encuadrábamos y enfocábamos con mucha paciencia. Cuando todo estaba a punto poníamos la secuencia en marcha y abandonábamos la habitación hasta que se terminaran todas las tomas… La suerte es que todo el proceso, avances y disparos, lo controla un PC, por lo que, en el peor de los casos, podíamos cargarnos una o dos fotos de varios cientos.
La verdad es que las muestras hablan por si mismas, incómodas de trabajar, pero con buena calidad.
Con el nuevo montaje, con la sustitución del soporte de madera por una base en estructura de aluminio de 4cm de espesor, tal como se ve en la foto de portada, las vibraciones han desaparecido y, ahora, el trabajo es más cómodo.
En fin, nuestra Fundación es esto, COLABORACIÓN, Lo mismo podemos colaborar compartiendo nuestro trabajo archivado, que podemos participar documentando “a medida”. Pero es que también enseñamos lo que hacemos y, como colofón, si metemos la pata lo pregonamos a los cuatro vientos, para evitar que el error se repita… ni nosotros ni el resto del mundo, si ello es posible. ¡Siempre a vuestra disposición!
Así empieza la presentación de nuestra página Web, “La Fundación Pep Bonet Capellá la he gestado durante toda una vida de pasión por la imagen y la naturaleza. Toda una vida acumulando imágenes de los paisajes que nos rodean y, en particular, de la flora que los habita”… y es cierto.
Pero en nuestra presentación se dice algo más, “Otro objetivo importante de la Fundación es la difusión de nuestros conocimientos y técnicas, a desarrollar en forma de publicaciones, contenidos y/o formaciones, presenciales o virtuales”.
Hemos necesitado un tiempo para pasar de ser coleccionistas de imágenes a desarrollar eso que nos hemos marcado como lema, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”.
Empezamos por presentar nuestras instalaciones, en forma de artículos publicados en nuestro blog. Mostramos cada una de nuestras cámaras y muchas de nuestras técnicas. Una vez convertidos en institución, empezamos nuestras primeras difusiones, impartimos sendos cursillos de macrofotografía en los Jardines Botánicos de Sóller y de Valencia. Apoyándonos en nuestro archivo, y con la colaboración del Jardí Botànic de Sóller, escribimos un libro sobre dispersión de semillas. Hemos hecho varias exposiciones de flores y semillas. Ahora, hace unos meses, colaboramos con Projecte Home, impartiendo una charla sobre la utilidad de las fotos usadas en documentación científica y un cursillo de técnicas de cianotipia. En fin, hemos ido pasando de coleccionistas a documentadores.
Digamos que ha llegado el momento de “institucionalizar” nuestras actuaciones. Hasta ahora hemos tratado estas formaciones y comunicaciones como algo casual, más a la espera de que nos lo pidieran. A partir de ahora ponemos a disposición de nuestros usuarios un servicio más, “FORMACIÓN”, donde iremos actualizando diversas iniciativas formativas en diferentes propuestas, tipos y materias.
Entre nuestras asignaturas pendientes, como Fundación, está elegir y formar a nuestros seguidores, se pretende que la Fundación trascienda a las personas. Para esto hay un trabajo a realizar que es difundir nuestros conocimientos y compartir nuestros archivos e instalaciones. Esto está en nuestros estatutos y en nuestro manual de buenas prácticas…¡Pero es más! Con estas actividades aspiramos a encontrar gentes que se “encandilen” con nuestro trabajo y que puedan resultar “herederas” de nuestro saber hacer y de las instalaciones que hemos ido creando… ¡Lo que se llaman discípulos! Repetimos, lo de “crear escuela” es una asignatura pendiente que habrá que aprobar.
Por nuestra formación inicial, se nos da mejor la actuación pública y personal que la comunicación virtual. Por eso, por ahora, vamos creando guiones de cursos y conferencias, a veces con un nivel único y otras con dos niveles, “gran público” y “formación escolar” para niveles ESO/BACH. En el nuevo botón que aparece en el menú superior de nuestra web están los guiones de nuestra oferta.
En general nuestros artículos, en el blog de la fundación, siempre están dedicados a temas de aplicación práctica y real de nuestro trabajo. Hoy, de repente y por algunas asociaciones de ideas que no vienen al caso, he recordado un trabajo inédito y un escrito de allá el 2006 (ya ha llovido) y me ha parecido MUY PERTINENTE darle publicidad.
El escrito nada tiene que ver con los fines de la Fundación, de hecho, en la época que se sitúa ni sabía que existieran las fundaciones. Pero ayuda a entender algunas cosas, ¿por qué en la Fundación tenemos las ideas que tenemos?, ¿qué es lo que define nuestro estilo de fotografía? Incluso justifica el por qué tenemos la norma de hacer foto científica, respetando todas las normas artísticas que podemos.
Es más, sabemos que fotógrafos jóvenes, en formación, nos siguen. Quizá puedan aprender algo sobre nuestras experiencias o del camino que nos ha traído a nosotros hasta nuestro presente. En su momento empezó como un divertimento sobre “Los Vicios”, al final acabó como “Cuestiones de Salud Pública”.