¿ QUÉ HEMOS HECHO EN EL 2025? MEMORIA DE UN AÑO

¿ QUÉ HEMOS HECHO EN EL 2025? MEMORIA DE UN AÑO

Como es sabido, nuestra Fundación se dedica a la documentación fotográfica de temas de natura. Empezamos, antes de ser fundación, con fotos botánicas, flores, por descontado, y frutos y semillas. Si que documentábamos la planta, pero a lo que dedicábamos más tiempo era a los detalles, a macro fotografías de las citadas flores, frutos y semillas. De esta primera época nació este libro.

Esto fue allá abril de 2022, por aquella época los árboles, siendo natura, no nos llamaban la atención hasta que alguien nos pidió fotos “de árboles” y nos dimos cuenta de una carencia… De ahí que abramos este artículo con esta foto de olivos mallorquines.

Actualmente, la Fundación mantiene cuatro temas FUNDAMENTALES, “Árboles y Arbustos”, “Vegetales” (referido a plantas menores), “insectos” y “Paisajes”. Nuestra clasificación es algo más extensa, incluye zoología en general, algo de geología, hay un apartado de videos y time lapses, tenemos algunos proyectos puntuales, incluso registramos “fotos fuera de proyecto”, como cajón de sastre, y nos documentamos a nosotros mismos con un archivo de “documentación fotográfica” donde clasificamos desde “fotos haciendo fotos” al “como se hizo”, detalles de colocación de insectos, fotos históricas de la Fundación, seguimientos de nuestras construcciones, etc.

Vamos, que archivamos y clasificamos prácticamente todo lo que hacemos, en beneficio de la posteridad y de quien vaya a continuar nuestra obra, pero LOS ARCHIVOS DE LA FUNDACIÓN, los archivos que mostramos en nuestra galería pública, en muestras reducidas para protegerlas, básicamente son los cuatro fundamentales, es donde el público puede ver los resultados de nuestro trabajo diario.

Entonces, ¿a qué nos hemos dedicado durante el 2025? En el 2024 montamos nuestra sede, en nuestro blog podéis leer el artículo https://fundacionpepbonetcapella.com/sede-habemus/, de octubre del mismo año y, a partir de ahí, hemos disfrutado de trabajar.

En el registro de inventario de la Fundación, como trabajo registrado del año, se incluyen estos apuntes

93 fotos insectos 8266×6162 px
16 videos y time lapses 4K
251 fotos botánica 8266×6192 px
8 fotos arenas 8266×6192 px
42 fotos árboles y arbustos 8266×6192 px
90 fotos mosaico árboles y arbustos con cámara 8266×6192 px
120 fotos panorámicas de paisaje con cámara 8266×6192
53 fotos de paisaje 8266×6192 px
137 fotos proyecto Fenología del arroz
26 fotos fuera de proyecto

820 tomas nuevas y 16 videos y time lapses añadidos al inventario (trabajo del año 2025), estos son los fríos datos burocráticos.

La realidad es mucho más compleja. Empecemos por las 93 fotos de insectos, en realidad estamos hablando de algo más de 10.000 tomas apiladas para poder conseguir detalles de esta calidad. El gorgojo del arroz de la foto de arriba, en realidad, son 50 fotos una sobre otra, ¡claro que se ve nítido! Se ha trabajado mucho para seleccionar “solamente” píxeles “enfocados”.

O este detalle de la textura del ojo y “piel” de esta avispa, que necesitó 814 tomas (con el trabajo que ello conlleva) para lucir asi de natural. En realidad, la mayoría de fotos que se etiquetan como 8266×6192 px, 51 Mpx, han implicado un apilado, para conseguir profundidades de campo de otra forma imposibles.

Otros apuntes con segunda lectura son “90 fotos mosaico árboles y arbustos con cámara 8266×6192 px” o “120 fotos panorámicas de paisaje con cámara 8266×6192 px”. En todas estas fotos concurren dos “detalles”. El primero es que todas son fotos tomadas a natura, “in situ”, todas han implicado desplazamientos, unas pocas en Mallorca, otras se han realizado en salidas, por ejemplo, a tierras de Huesca y a tierras de Teruel. Son el producto de estas salidas que hacemos “a modo de vacaciones” pero que, en realidad, son salidas de trabajo para ampliar archivo. Los olivos de portada pertenecen a este grupo, estos tomados en Mallorca, “desplazamiento fácil”.

El otro “detalle” a considerar es que, como archivo de Fundación, nos interesa acompañar algunas fotos con un valor añadido, que la foto sea ampliable a niveles de decoración, por eso todas estas fotos son montajes de mosaicos que, además, nos aportan ángulos de visión más acordes con los paisajes naturales… ¡Y suman casi todos los píxeles del mosaico!

Al principio os hemos sugerido otro artículo nuestro, el montaje de nuestra sede. Si lo habéis ojeado, habréis visto que hemos decorado las paredes con fotos nuestras, fotos de 4 metros impresas a 300 ppp, calidad de revista, se pueden contar las hojas de los árboles. Para esto es imprescindible que la foto tenga “algo más” de 50 Mpx, el original de la portada de este artículo tiene, en realidad, 30904×20434 píxeles, 631 Mpx.

Otro ejemplo, esta foto, paisaje con árboles, álamos y una morera, tomada en Labuerda, Huesca, y que el original tiene 20×7,4 Kpx, suficiente para llenar la mayoría de paredes, o esta otra, tomada cerca de Cedrillas, en el peirón de Aguanaj, con su chopo cabecero, digna muestra de la llamada “España vaciada”, cuyo original son 28×14 Kpx y donde se aprecia que se trata de un mosaico compuesto por una docena de fotos.

O este otro paisaje, el cauce del río Cinca en Labuerda, Huesca, en el que se intuye un mosaico de 6 tomas y que tiene 23×8 Kpx, otro panorama para llenar paredes.

Como podéis apreciar, el 2025 ha sido un año de trabajo para la Fundación, como suelen serlo todos. Hemos de decir que nosotros “no trabajamos”, la Fundación es la magnificación de una afición de toda la vida, jejeje. En el 2025, el archivo de la Fundación ha sumado 820 registros más, cosa importante, y nosotros acumulamos un año más de experiencia. Además, a raíz de una sugerencia, hemos ampliado con un proyecto dedicado al arroz que alguna utilidad tendrá para el mundo de la hostelería Y hemos hecho tres salidas, a Gerona, a Huesca y a Teruel. ¡No ha sido un mal año… y no nos ha dado tiempo a aburrirnos!

En fin, recordad que, aparte de que nosotros nos divirtamos, ¡qué lo hacemos!, todo este trabajo, toda esta organización, todo este derroche de ideas está destinado a ser compartido, compartidas las fotos, compartidos los archivos, compartidos nuestros conocimientos, compartidas hasta nuestras instalaciones. De verdad que nos lo pasamos bien haciendo lo que hacemos, pero es una lástima que si nuestro trabajo le pueda ser útil a quien sea, no se aproveche… y más lástima es que, por falta de acólitos, los conocimientos de la Fundación puedan acabar desapareciendo.

¿CÓMO SE HIZO?

¿CÓMO SE HIZO?

Como es natural, existe la Fundación pública, con sus archivos colgados en nuestra página web, nuestros estatutos, nuestro código ético, nuestros artículos… y existe una parte que, sin ser secreta, no solemos hablar de ella. Esta es la parte del día a día. Por definir, podéis ver, en la web, nuestras fotos, nuestras macros y micros, los reportajes de trasmochos, etc, pero hay proyectos, a veces personales, a veces en colaboración con terceros, que, o bien solo tienen interés para unos pocos, o bien están comprometidos, digamos que son privados.

Otra de las cosas que solo mostramos “de pasada” es nuestra forma de trabajar. No por nada, es que dedicamos mucho tiempo a construir imágenes como esta mosca del vinagre, que abre el artículo, pero lo importante es el resultado, todo el rollo de “hacer” la foto es poco interesante, solo trabajo… ¡Hasta que nuestra Directora de comunicación nos ha dado un toque!

Hace tiempo, en una conversación informal, comenté que lo más importante de nuestra Fundación no era el archivo, eran los más de cuarenta años de experiencia que nos avalan, llegamos, incluso, a publicarlo en un artículo, https://fundacionpepbonetcapella.com/el-futuro-de-la-fundacion/ Esto es lo que nuestra compañera nos ha sugerido “compartir”, acompañar nuestro archivo con el “¿cómo se hizo?” Que el público pueda entender que hacer macro fotografía es algo serio, que es más complejo que sacar fotos con el móvil… De hecho, en nuestro archivo MASTER tenemos una carpeta específica de COMO SE HIZO, donde vamos dejando constancia de algunos “inventos” de atrezzo.

Entonces volvamos a nuestra Drosophila. Hacer una toma con este nivel de definición no consiste en un “clic”. Para los fotógrafos de macro no hace falta explicar mucho, para quien no tiene experiencia si que habrá que hacerlo.

El primer punto empieza mucho antes que la mosca, hay que elegir un equipo que esté a la altura. En nuestro caso, y más pensando que los archivos de la Fundación están destinados a documentación, empezamos con una cámara de formato medio, una Fuji GFX50 de sensor 44×33 mm y 51 Mpx, ¡unos píxeles como baldosas!. Cada foto tiene que ser reproducible en casi cualquier medio, seria un desastre que se pretendiera hacer una carteleria y las fotos no tuvieran calidad suficiente… o que el científico que usara la foto estuviera interesado en un minúsculo detalle para publicar y la foto no diera para el recorte. Con 8000×6000 píxels hay bastantes garantías de calidad.

Teniendo la cámara, hay que elegir objetivo. Hace muchos años, antes de la Fundación, compré un objetivo MACRO para una Mamiya de formato medio… ¡y me decepcionó! No porque fuera mal objetivo, que era muy bueno, me decepcionó por “limitado”. Yo quería macros y macros extremos y el objetivo “comercial” llegaba a “X1”… según la definición de libro ERA MACRO, así, con mayúsculas, pero yo soy más “macro-extremista”.

En aquel momento, y hablo de hace muchos años, de cuando empezó a gestarse el archivo de la Fundación, decidí salir de la zona de confort y aprender lo necesario de óptica para controlar mi equipo. Fue cuando monté mi primer fuelle, con un objetivo PROFESIONAL, un APO SYMMAR 135 para cámara técnica, engorroso de manejar, pero de un nivel de calidad superior.

Lleva Más de treinta años de servicio y sigue al pie del cañón. Con un fuelle de 70 cm este objetivo es el responsable de todos los macros, entre X0,5 y X5. De hecho, más de la mitad del archivo de la Fundación hay que agradecérselo a este objetivo.

Con esta solución dominada, ya “fundacionados”, el X5 nos quedaba corto. Hubo que pensar en ampliar y la solución fue un objetivo Karl Zeiss, un Luminar de 25 mm. Un objetivo con una mínima difracción, con una calidad óptica muy alta y que se podía usar hasta X15 al 100% y hasta X25 con alguna pérdida asumible.

Como se ve en las fotos siguientes, usamos una cámara comercial, una Fuji GFX50R, pero los objetivos, el Apo Symmar y el Luminar, con sus fuelles, son más “dedicados”, incluso más artesanos.

Esto ha sido solo una breve introducción, si queréis profundizar, en nuestro blog, https://fundacionpepbonetcapella.com/blog/, hay al menos diez artículos explicando cómo funcionan nuestras cámaras, incluso cómo las hemos construído.

Y, ahora si, podemos empezar a hablar de la mosquita, se trata de hacer una macro extrema a este bichito

Está claro que “bichito” es textual, pero es que nosotros nos dedicamos a “eso”. La foto que véis, comparada con el ojo de una aguja,  es un recorte de una toma X2, mientras que la foto de portada, con todo el detalle que presenta, es un fotograma entero X15. ¡Y aquí empiezan nuestros problemas!

Exigir tanta calidad y definición tiene un precio. Para evitar la difracción hay que disparar con el diafragma muy abierto, pero esto implica no tener profundidad de campo. Concretamente, el Luminar, ampliado a X15, presenta una profundidad de campo “útil” de 25 micras, aclaro, 0,025 milímetros. Un cabello humano oscila entre 40 y 120 micras, menos campo que el cabello más fino. Para hacernos una idea, con este objetivo y esta ampliación no se puede enfocar toda la cara, no podríamos hacerle a la mosca una foto de DNI.

¡Menos mal que la tecnología nos ayuda! La única solución práctica proviene de la tecnología digital. Las fotos las tomamos en digital porque existen programas de apilado, capaces de identificar los píxeles enfocados de los que no lo están y hacer un montaje, solamente con píxeles enfocados. Para el tamaño de la mosca, algo más de 2 milímetros, con 66 planos separados 0,025 mm pudimos cubrir todo el volumen. En las cuatro fotos anteriores (cogidas al azar entre las 66) se ve perfectamente que una enfoca en una rodilla, otra en las piernas, otra en parte del ojo y cuerpo y la última en pelos de la cabeza y ala. En realidad cada una de las 66 definía unos puntos bien concretos, separados unos de los otros por 25 micras. Primer problema, ¡prueba superada!

Actualmente la calidad de referencia universal es el móvil, esa foto automática que nosotros no controlamos… ¡y que sale muy bien! Nada que objetar, para guardar un recuerdo de los niños o de la abuela y verlo en el móvil sobra calidad y precisión. Pero si esta foto está destinada a un biólogo que investiga sobre vete tú a saber qué, la medida exacta de los micro pelos o la exactitud del color son importantes. En este caso cada una de las fotos debe tomarse en RAW. El RAW no es mejor que nada, de hecho es un engorro porque hay que “revelar” cada una de las fotos, da trabajo. Su única ventaja es que es auténtico, el RAW es, exactamente, lo que ha tomado la cámara, con todos los errores de luz y color que puedan haber sucedido. TODAS las cámaras presentan sus fotos “procesadas”, en TIFF o JPG. Internamente llevan un programa automático que reajusta luces, colores y contrastes para dar una imagen nítida y agradable. Otra vez nada que objetar si solo nos interesa la estética de la foto… pero podría ser una foto irreal, podría tener modificaciones, según le plazca al programa de la cámara… ¡y engañaríamos al investigador!

Entonces las 4 fotos de muestra, en realidad las 66 del trabajo, se tomaron en RAW y se procesaron una a una para ajustarlas, lo mejor posible, a la realidad. Las diferencias son mínimas, puesto que la toma ya se hace controlada, con la luz adecuada y con la iluminación precisa, pero este trabajo de revelado de las 66 fotos garantiza una mayor precisión en color, contraste y foco.

Y, ya con un archivo TIFF de las 66 fotos, siempre de 16 bits para que no se pierda ningún matiz en ninguna de las fotos, el programa de apilado puede hacer su trabajo, crear la foto de la izquierda de las dos de abajo, con un foco exquisito en “toda la mosca”.

Si nos fijamos, tomando el gris del fondo de referencia, la foto tiene una ligera dominante, entre rojo y magenta, poca pero se nota. Además, la mosca, manteniendo sus costumbres, estaba sucia. Entonces, el último paso consiste en “poner la foto bonita”, lo que hace cualquier cámara “de oficio”, pero sobre una imagen lo más real posible. Con un programa de tratamiento de imagen quitamos todas las pelusas, motas y otras suciedades, ajustamos el color, exactamente al gris neutro y, ya que estamos, ajustamos luces y contrastes para que la mosca se vea “límpia”.

Todo este proceso, “hacer” la foto de la mosquita, nos ha ocupado una mañana, tres o cuatro horas de trabajo, entre montar el set, iluminarlo, hacer las 66 fotos, revelar los RAWs, apilar los TIFF resultantes, corregir los errores de apilado (que haberlos “haylos”) y limpiar porquerías y ajustar luces y contrastes. Ahora que hemos terminado de “hacer” la foto, ya la podemos convertir a 8 bits y ya podemos compartirla con vosotros o emplearla en este artículo.

Y si, prácticamente TODAS las fotos que podáis ver del archivo de la Fundación han seguido este proceso. Por ejemplo la foto de la mosca, comparada con la aguja, en realidad son 10 tomas y se ha hecho única y exclusivamente para este artículo. También hacemos microscopía, fotos X20 y X50 que, algún día, pondremos en otro artículo como este. La diferencia básica está en la profundidad de campo, que cae de 25 micras a una micra escasa, ¡25 veces menos profundidad de campo! Pero bueno, como escribe Michael Ende en su “Historia Interminable”, esta es otra historia para contar en otro momento.

“ESTO” es lo que os ofrecemos cuando la Fundación os ofrece colaboración. Por eso hemos llegado a la concusión que lo más importante de la Fundación no es su archivo, todo y ser una joya. Lo importante es que, a estas alturas, todas estas técnicas que os hemos contado las dominamos y nuestra ilusión es legarlas a la humanidad… decimos esto porque no tenemos ningún inconveniente en enseñar a quien quiera aprender… Y, si le ha gustado, ¡cuénteselo  a sus amigos!

 

CHOPOS CABECEROS

CHOPOS CABECEROS

Cosas que definen a la raza humana son su capacidad de pensar y su capacidad de “conseguir más trabajando menos”. Desde hace cientos de años, está documentada en muchas partes del mundo una técnica para aumentar la producción de los árboles. Haciendo podas severas a una altura que no alcance el ganado (para que no ramonee los brotes) se consigue que, en la zona de poda, crezcan innumerables “chupones”. En tierno, estos brotes proporcionan comida fresca al ganado. Seleccionados los mejores chupones, se pueden dejar crecer y se obtiene una buena madera para construcción, para vigas, para carbón, etc… Es más, si plantamos un árbol de semilla para maderar, para sacar buenas vigas o tablones, pueden ser necesarios más de 20 años, mientras que con estas técnicas, en según que especies y partiendo de un tronco arraigado, se pueden obtener muy buenos resultados en apenas 15 años.

Esta técnica, aquí en España, se llama “trasmocho”, en el norte, o “chopo cabecero” en Aragón, pero es que los italianos aplicaban la misma técnica a las moreras, para producir mucha hoja para los gusanos de seda y le llamaban “a capitozza”, los ingleses “pollarding” o los franceses “têtard”. En Europa esta técnica ha ido decayendo, salvo reavivamientos locales como hacen pueblos de la cuenca del río Alfambra, al NE de Teruel, Aragón, con fiestas a la poda y conservación del chopo cabecero. En cambio en Japón, que tuvieron la misma idea universal de “estrujar la producción arborícola” hace más o menos los mismos siglos, la mantienen más viva, el “daisugui” sigue a la orden del día. Los japoneses parece que tienen más querencia por la madera que los europeos. Incluso, en algún lugar he leído que en África se aplica la misma técnica a los baobabs.

 

Hay que tener en cuenta que esta técnica, siendo la misma, se aplica a familias de árboles distintos, hayas, robles, castaños, cedros, chopos, etc. y que cada familia tiene su porte propio. Por eso se ven formas tan distintas entre las hayas trasmochas del norte o álamos y chopos cabeceros del río Alfambra. Hayas y robles con los “brazos” más abiertos, álamos y chopos con un “cabezón” de ramas apuntando al cielo.

En el norte, sobre todo, primaba la madera. El norte es verde, abunda el pasto para el ganado, pero necesitaban ingentes cantidades de carbón para su industria y madera para sus necesidades domésticas y de construcción.

En lo que hoy llamamos España vaciada, tierras de cereal, el pasto es más bien escaso y poder recurrir un aporte de “verde” para el ganado, además de la misma aportación para uso doméstico e industrial supongo que se apreciaba en lo que vale. Como curiosidad, la flecha señala el pueblo de Aguilar de Alfambra… ¡algo aislado si que se nota!

Bueno, esta ha sido una semana de vacaciones para nosotros, un pequeño viaje a la tierra del chopo cabecero, para ampliación de nuestro archivo.

En https://fundacionpepbonetcapella.com/galeria/ , nuestro archivo público de la Fundación ya podéis consultar las más de 60 fotos que ha dado el viaje… por si alguna os puede ser de utilidad. 60 fotos no son muchas, pero casi la mitad se pueden ampliar hasta un par de metros, por si queréis decorar “algo”. En las que lo merecen dice “cuantos x cuantos miles de píxels” tienen.

EXPLORANDO EL PIRINEO

EXPLORANDO EL PIRINEO

Ya es costumbre que, al año, hacemos algunas salidas, entre vacaciones y trabajo. Salimos por espíritu aventurero, pero siempre con equipo fotográfico, siempre dispuestos a “engordar” el archivo de la Fundación.

Esta vez se nos antojó Ordesa, pero, por cuestiones de agenda, tenía que ser la primera semana de noviembre. Estamos mal acostumbrados, vivir en el paraiso mallorquín nos desconecta de la realidad de la montaña. Buscamos camping en Torla, en Broto, en Fiscal, ¡todos cerrados!, claro, a principios de noviembre ya puede nevar, las tuberías se congelan, los servicios ya no pueden cumplirse en altitudes que se acerquen a los 1000 msnm.

Lo mejor que encontramos fue en Labuerda, el camping “La Peña Montañesa”, en honor al cual ponemos esta foto de portada, Peña Montañesa a la luz de la Luna llena. Un camping a 553 msnm, abierto todo el año porque a esta altitud aun se puede ofrecer servicio, todo y que haga frío.

Nuestro sistema, instalarnos en un camping para tener servicios, y hacer salidas en nuestros trikes de no más de 15 a 20 km, explorando alrededores.

Digamos que esta es la zona de Monte Perdido, vista desde el valle de Pineta.

¡Y esto es el Pirineo en otoño! Interior del Valle de Pineta.

Nuestro interés en este viaje era la otoñada. Poniendo la nota científica (y pedante) al escrito, nuestro interés estaba en los carotenoides y las antocianinas que aparecen al descomponerse la clorofila por falta de luz solar.

 

Para nosotros estar presente en este espectáculo del Desfiladero de la Inclusa, en el valle de Xistau y ver la caída de la hoja ha sido un auténtico placer. Por descontado que, ya que teníamos coche, aunque residiéramos a unos 50 km por culpa del frío, si que nos acercamos a Ordesa… ¡era obligado!

Esta vista del Circo de Cotatuero y el río Arazas bien valía el viaje. O esta espectacular otoñada en un hayedo.

O, ¿por qué no?, esta otra vista del Arazas con el cauce enrojecido por las hojas caídas.

En realidad solo fueron 6 días hábiles de fotografiar, fotos para el archivo escasas 50 fotos que lo merecieran pero, eso sí, todas fotos de muy alta calidad. En lo que a paisaje se refiere, hace años, desde que nos pasamos a digital y la informática lo permite, casi siempre hacemos fotomontaje. Esto hace que nuestros paisajes suelan ser panorámicos, que abarquen entre 120º y 180º de la realidad, pero es que, al ser fotomontaje de varias fotos, entre 4 y 20 fotos, sumamos la información de cada una de ellas y todas estas fotos que os mostramos, los originales son de más de 25.000 píxeles en anchura, algo interesante para poder usar estas fotos en decoración, al ser posible sacar copias de varios metros de anchura. Por ejemplo la decoración de nuestra casa.

Seguimos siendo especialistas de lo minúsculo, pero una parte de nuestro archivo la dedicamos al entorno natural, al paisaje, al bosque, a sus árboles. Para nosotros, tan importante es el polen, como la flor, como la planta, como el entorno donde crece… ¡todo es naturaleza!

Si este artículo te parece interesante, o te parece interesante lo que pretendemos, estamos a tu disposición… es más, coméntalo con tus amistades porque nuestra filosofía es colaborar con todo el mundo. Nuestra intención, siempre, es unir soluciones a necesidades… en lo que a documentación se refiere, en lo que sabemos hacer.

LA BRISA, ENEMIGO DEL FOTÓGRAFO DE CAMPO

LA BRISA, ENEMIGO DEL FOTÓGRAFO DE CAMPO

Esta foto de portada está ligeramente reencuadrada de un macro X1, tomado con Fuji GFX50 de formato medio (sensor 44×33 mm) Estas violetas miden, cada una, alrededor de un centímetro y toda la zona enfocada, la “profundidad de campo”, está sobre unos 4 cm. Los fotógrafos dedicados al macro apreciarán esto en lo que vale.

Años atrás, antes de popularizarse la fotografía digital, en la época de usar película y de disparo “único”, conseguir esta profundidad de campo era ciencia ficción. Exprimíamos nuestros objetivos hasta caer en la difracción por exceso de diafragmado, cambiábamos enfoque por definición… en castellano se dice “saltar de la sartén para caer en las brasas”… Los más afortunados, los “reyes del mambo”, teníamos objetivos descentrables y usábamos técnicas “profeSSionales” (con dos eses) como pueda ser la corrección de Scheimpflug.

Cuando empezó a usarse fotografía digital, antes de que se “inventara” la IA, se crearon programas que son capaces de leer los millones de píxeles que haga falta y saber cuales están enfocados y cuales no. Entonces, sin ninguna inteligencia pero con una capacidad de trabajo de muchísimos millones de operaciones, el programa va “apilando” los píxeles buenos y tirando los malos. Una vez inventada esta maravilla, lo único que hay que hacer es tomar fotos en diferentes planos, que el programa se encargará de crear una foto única… eso si, tardando un tiempo considerable. Como anécdota, el apilado máximo que he realizado, con una micrografía, fue de 1098 tomas de formato medio, 8256×6192 px, con un PC a 2,5 GHz, SO 64 bits y 128 GB de RAM… el programa de apilado tardó más de TRES horas en ejecutarse.

Pues bien, todo esto era para decir que una ligera brisa se puede cargar tantos gigahercios i gigabites en un soplo. El programa de apilado puede comparar todas las fotos que haga falta, con lo grandes que nos de la gana… ¡pero han de ser FOTOS IGUALES! Si una hoja, o pétalo, o lo que sea cambia de posición el programa de apilado no tiene nada para comparar, para el programa son fotos diferentes que superpondrá.

Este es un ejemplo, esta foto, tomada en el mismo sitio, con pocos minutos de diferencia, mismo equipo, mismo trípode, misma técnica, PERO EMPEZÓ LA BRISA DE MEDIA MAÑANA. El apilado se ha vuelto loco, ha perdido sus referencias y repite imágenes ligeramente desplazadas, “movidas”. ¡Y todo esto por una ligera brisa!

Pero no hay mal que por bien no venga, cuando daba por finalizada la sesión, por la brisa, me di cuenta de una curiosidad. En este caso estaba haciendo fotos a Viola arborescens, en la cuneta de una carretera. Nota: siempre dejo la mochila en el arcén, bien visible para prevención a los vehiculos. Por descontado que me preocupo “muy mucho” de no pisar la calzada, noventa kilos de carne contra 2000 kilos de hierro, está claro quién pierde, pero mejor poner a los conductores en sobreaviso.

La curiosidad es que, al pasar un vehículo, cuanto más grande y cuanto más rápido, más viento genera. Cada coche rodando crea una onda de choque de aire, por eso la Ley obliga a dejar el margen de 1,5 metros a los ciclistas, por el peligro de que el soplo los desestabilice y pudieran accidentarse. Entonces me di cuenta que este choque de aire que me llegaba es, en realidad, una onda de choque que se expande… Durante un corto espacio de tiempo, el intenso viento provocado por el vehículo me sacudía, a mi, a la cámara y a mis florecillas, pero pasaba de largo y ¡ésta es la maravilla! Durante unos segundos (suficientes) contenía la brisa. Resulta que si hacéis fotos de natura en las cunetas, los pesados y desagradables coches que ruedan a gran velocidad son vuestros aliados en lo que a brisas inoportunas se refiere.

La foto de portada aprovechó esta curiosidad, es un apilado de 12 tomas, o sea, se hicieron 12 fotos, en este caso separadas 3 mm cada toma, mas la profundidad de campo añadida por cerrar el diafragma a f16 (el objetivo permite hasta f45, pero en f16 no hay ninguna difracción) lo que nos da estos 40 mm de profundidad de campo perfectamente límpia. Avanzaba los 3 mm, esperaba a que pasara un coche (por suerte había tráfico) y en el momento del “rebufo”, en la calma momentánea cuando la brisa se congela, ¡CLICK, FOTO!

Esto solo sirve para fotos de carretera, en la montaña no hay coches que ayuden, ¡pero bien venido sea el truco!

Nuestra divisa, “Documentar y Compartir”. Por descontado que “Documentar” estas violetas, Viola arborescens, y “Compartir” con quien pueda necesitar estas imágenes… Pero hacemos algo más, “Compartimos” nuestros conocimientos. Como Fundación no tenemos secretos, no somos un negocio que debe sacar beneficios y no puede “favorecer” a la competencia, so pena de tener pérdidas. De hecho nosotros, como Fundación altruista que somos, no competimos con nadie, nos podemos permitir, y nos encanta hacerlo, “Compartir” nuestras técnicas.