Como es natural, existe la Fundación pública, con sus archivos colgados en nuestra página web, nuestros estatutos, nuestro código ético, nuestros artículos… y existe una parte que, sin ser secreta, no solemos hablar de ella. Esta es la parte del día a día. Por definir, podéis ver, en la web, nuestras fotos, nuestras macros y micros, los reportajes de trasmochos, etc, pero hay proyectos, a veces personales, a veces en colaboración con terceros, que, o bien solo tienen interés para unos pocos, o bien están comprometidos, digamos que son privados.
Otra de las cosas que solo mostramos “de pasada” es nuestra forma de trabajar. No por nada, es que dedicamos mucho tiempo a construir imágenes como esta mosca del vinagre, que abre el artículo, pero lo importante es el resultado, todo el rollo de “hacer” la foto es poco interesante, solo trabajo… ¡Hasta que nuestra Directora de comunicación nos ha dado un toque!
Hace tiempo, en una conversación informal, comenté que lo más importante de nuestra Fundación no era el archivo, eran los más de cuarenta años de experiencia que nos avalan, llegamos, incluso, a publicarlo en un artículo, https://fundacionpepbonetcapella.com/el-futuro-de-la-fundacion/ Esto es lo que nuestra compañera nos ha sugerido “compartir”, acompañar nuestro archivo con el “¿cómo se hizo?” Que el público pueda entender que hacer macro fotografía es algo serio, que es más complejo que sacar fotos con el móvil… De hecho, en nuestro archivo MASTER tenemos una carpeta específica de COMO SE HIZO, donde vamos dejando constancia de algunos “inventos” de atrezzo.
Entonces volvamos a nuestra Drosophila. Hacer una toma con este nivel de definición no consiste en un “clic”. Para los fotógrafos de macro no hace falta explicar mucho, para quien no tiene experiencia si que habrá que hacerlo.
El primer punto empieza mucho antes que la mosca, hay que elegir un equipo que esté a la altura. En nuestro caso, y más pensando que los archivos de la Fundación están destinados a documentación, empezamos con una cámara de formato medio, una Fuji GFX50 de sensor 44×33 mm y 51 Mpx, ¡unos píxeles como baldosas!. Cada foto tiene que ser reproducible en casi cualquier medio, seria un desastre que se pretendiera hacer una carteleria y las fotos no tuvieran calidad suficiente… o que el científico que usara la foto estuviera interesado en un minúsculo detalle para publicar y la foto no diera para el recorte. Con 8000×6000 píxels hay bastantes garantías de calidad.
Teniendo la cámara, hay que elegir objetivo. Hace muchos años, antes de la Fundación, compré un objetivo MACRO para una Mamiya de formato medio… ¡y me decepcionó! No porque fuera mal objetivo, que era muy bueno, me decepcionó por “limitado”. Yo quería macros y macros extremos y el objetivo “comercial” llegaba a “X1”… según la definición de libro ERA MACRO, así, con mayúsculas, pero yo soy más “macro-extremista”.
En aquel momento, y hablo de hace muchos años, de cuando empezó a gestarse el archivo de la Fundación, decidí salir de la zona de confort y aprender lo necesario de óptica para controlar mi equipo. Fue cuando monté mi primer fuelle, con un objetivo PROFESIONAL, un APO SYMMAR 135 para cámara técnica, engorroso de manejar, pero de un nivel de calidad superior.
Lleva Más de treinta años de servicio y sigue al pie del cañón. Con un fuelle de 70 cm este objetivo es el responsable de todos los macros, entre X0,5 y X5. De hecho, más de la mitad del archivo de la Fundación hay que agradecérselo a este objetivo.
Con esta solución dominada, ya “fundacionados”, el X5 nos quedaba corto. Hubo que pensar en ampliar y la solución fue un objetivo Karl Zeiss, un Luminar de 25 mm. Un objetivo con una mínima difracción, con una calidad óptica muy alta y que se podía usar hasta X15 al 100% y hasta X25 con alguna pérdida asumible.
Como se ve en las fotos siguientes, usamos una cámara comercial, una Fuji GFX50R, pero los objetivos, el Apo Symmar y el Luminar, con sus fuelles, son más “dedicados”, incluso más artesanos.
Esto ha sido solo una breve introducción, si queréis profundizar, en nuestro blog, https://fundacionpepbonetcapella.com/blog/, hay al menos diez artículos explicando cómo funcionan nuestras cámaras, incluso cómo las hemos construído.
Y, ahora si, podemos empezar a hablar de la mosquita, se trata de hacer una macro extrema a este bichito
Está claro que “bichito” es textual, pero es que nosotros nos dedicamos a “eso”. La foto que véis, comparada con el ojo de una aguja, es un recorte de una toma X2, mientras que la foto de portada, con todo el detalle que presenta, es un fotograma entero X15. ¡Y aquí empiezan nuestros problemas!
Exigir tanta calidad y definición tiene un precio. Para evitar la difracción hay que disparar con el diafragma muy abierto, pero esto implica no tener profundidad de campo. Concretamente, el Luminar, ampliado a X15, presenta una profundidad de campo “útil” de 25 micras, aclaro, 0,025 milímetros. Un cabello humano oscila entre 40 y 120 micras, menos campo que el cabello más fino. Para hacernos una idea, con este objetivo y esta ampliación no se puede enfocar toda la cara, no podríamos hacerle a la mosca una foto de DNI.
¡Menos mal que la tecnología nos ayuda! La única solución práctica proviene de la tecnología digital. Las fotos las tomamos en digital porque existen programas de apilado, capaces de identificar los píxeles enfocados de los que no lo están y hacer un montaje, solamente con píxeles enfocados. Para el tamaño de la mosca, algo más de 2 milímetros, con 66 planos separados 0,025 mm pudimos cubrir todo el volumen. En las cuatro fotos anteriores (cogidas al azar entre las 66) se ve perfectamente que una enfoca en una rodilla, otra en las piernas, otra en parte del ojo y cuerpo y la última en pelos de la cabeza y ala. En realidad cada una de las 66 definía unos puntos bien concretos, separados unos de los otros por 25 micras. Primer problema, ¡prueba superada!
Actualmente la calidad de referencia universal es el móvil, esa foto automática que nosotros no controlamos… ¡y que sale muy bien! Nada que objetar, para guardar un recuerdo de los niños o de la abuela y verlo en el móvil sobra calidad y precisión. Pero si esta foto está destinada a un biólogo que investiga sobre vete tú a saber qué, la medida exacta de los micro pelos o la exactitud del color son importantes. En este caso cada una de las fotos debe tomarse en RAW. El RAW no es mejor que nada, de hecho es un engorro porque hay que “revelar” cada una de las fotos, da trabajo. Su única ventaja es que es auténtico, el RAW es, exactamente, lo que ha tomado la cámara, con todos los errores de luz y color que puedan haber sucedido. TODAS las cámaras presentan sus fotos “procesadas”, en TIFF o JPG. Internamente llevan un programa automático que reajusta luces, colores y contrastes para dar una imagen nítida y agradable. Otra vez nada que objetar si solo nos interesa la estética de la foto… pero podría ser una foto irreal, podría tener modificaciones, según le plazca al programa de la cámara… ¡y engañaríamos al investigador!
Entonces las 4 fotos de muestra, en realidad las 66 del trabajo, se tomaron en RAW y se procesaron una a una para ajustarlas, lo mejor posible, a la realidad. Las diferencias son mínimas, puesto que la toma ya se hace controlada, con la luz adecuada y con la iluminación precisa, pero este trabajo de revelado de las 66 fotos garantiza una mayor precisión en color, contraste y foco.
Y, ya con un archivo TIFF de las 66 fotos, siempre de 16 bits para que no se pierda ningún matiz en ninguna de las fotos, el programa de apilado puede hacer su trabajo, crear la foto de la izquierda de las dos de abajo, con un foco exquisito en “toda la mosca”.
Si nos fijamos, tomando el gris del fondo de referencia, la foto tiene una ligera dominante, entre rojo y magenta, poca pero se nota. Además, la mosca, manteniendo sus costumbres, estaba sucia. Entonces, el último paso consiste en “poner la foto bonita”, lo que hace cualquier cámara “de oficio”, pero sobre una imagen lo más real posible. Con un programa de tratamiento de imagen quitamos todas las pelusas, motas y otras suciedades, ajustamos el color, exactamente al gris neutro y, ya que estamos, ajustamos luces y contrastes para que la mosca se vea “límpia”.
Todo este proceso, “hacer” la foto de la mosquita, nos ha ocupado una mañana, tres o cuatro horas de trabajo, entre montar el set, iluminarlo, hacer las 66 fotos, revelar los RAWs, apilar los TIFF resultantes, corregir los errores de apilado (que haberlos “haylos”) y limpiar porquerías y ajustar luces y contrastes. Ahora que hemos terminado de “hacer” la foto, ya la podemos convertir a 8 bits y ya podemos compartirla con vosotros o emplearla en este artículo.
Y si, prácticamente TODAS las fotos que podáis ver del archivo de la Fundación han seguido este proceso. Por ejemplo la foto de la mosca, comparada con la aguja, en realidad son 10 tomas y se ha hecho única y exclusivamente para este artículo. También hacemos microscopía, fotos X20 y X50 que, algún día, pondremos en otro artículo como este. La diferencia básica está en la profundidad de campo, que cae de 25 micras a una micra escasa, ¡25 veces menos profundidad de campo! Pero bueno, como escribe Michael Ende en su “Historia Interminable”, esta es otra historia para contar en otro momento.
“ESTO” es lo que os ofrecemos cuando la Fundación os ofrece colaboración. Por eso hemos llegado a la concusión que lo más importante de la Fundación no es su archivo, todo y ser una joya. Lo importante es que, a estas alturas, todas estas técnicas que os hemos contado las dominamos y nuestra ilusión es legarlas a la humanidad… decimos esto porque no tenemos ningún inconveniente en enseñar a quien quiera aprender… Y, si le ha gustado, ¡cuénteselo a sus amigos!
Cosas que definen a la raza humana son su capacidad de pensar y su capacidad de “conseguir más trabajando menos”. Desde hace cientos de años, está documentada en muchas partes del mundo una técnica para aumentar la producción de los árboles. Haciendo podas severas a una altura que no alcance el ganado (para que no ramonee los brotes) se consigue que, en la zona de poda, crezcan innumerables “chupones”. En tierno, estos brotes proporcionan comida fresca al ganado. Seleccionados los mejores chupones, se pueden dejar crecer y se obtiene una buena madera para construcción, para vigas, para carbón, etc… Es más, si plantamos un árbol de semilla para maderar, para sacar buenas vigas o tablones, pueden ser necesarios más de 20 años, mientras que con estas técnicas, en según que especies y partiendo de un tronco arraigado, se pueden obtener muy buenos resultados en apenas 15 años.
Esta técnica, aquí en España, se llama “trasmocho”, en el norte, o “chopo cabecero” en Aragón, pero es que los italianos aplicaban la misma técnica a las moreras, para producir mucha hoja para los gusanos de seda y le llamaban “a capitozza”, los ingleses “pollarding” o los franceses “têtard”. En Europa esta técnica ha ido decayendo, salvo reavivamientos locales como hacen pueblos de la cuenca del río Alfambra, al NE de Teruel, Aragón, con fiestas a la poda y conservación del chopo cabecero. En cambio en Japón, que tuvieron la misma idea universal de “estrujar la producción arborícola” hace más o menos los mismos siglos, la mantienen más viva, el “daisugui” sigue a la orden del día. Los japoneses parece que tienen más querencia por la madera que los europeos. Incluso, en algún lugar he leído que en África se aplica la misma técnica a los baobabs.
Hay que tener en cuenta que esta técnica, siendo la misma, se aplica a familias de árboles distintos, hayas, robles, castaños, cedros, chopos, etc. y que cada familia tiene su porte propio. Por eso se ven formas tan distintas entre las hayas trasmochas del norte o álamos y chopos cabeceros del río Alfambra. Hayas y robles con los “brazos” más abiertos, álamos y chopos con un “cabezón” de ramas apuntando al cielo.
En el norte, sobre todo, primaba la madera. El norte es verde, abunda el pasto para el ganado, pero necesitaban ingentes cantidades de carbón para su industria y madera para sus necesidades domésticas y de construcción.
En lo que hoy llamamos España vaciada, tierras de cereal, el pasto es más bien escaso y poder recurrir un aporte de “verde” para el ganado, además de la misma aportación para uso doméstico e industrial supongo que se apreciaba en lo que vale. Como curiosidad, la flecha señala el pueblo de Aguilar de Alfambra… ¡algo aislado si que se nota!
Bueno, esta ha sido una semana de vacaciones para nosotros, un pequeño viaje a la tierra del chopo cabecero, para ampliación de nuestro archivo.
En https://fundacionpepbonetcapella.com/galeria/ , nuestro archivo público de la Fundación ya podéis consultar las más de 60 fotos que ha dado el viaje… por si alguna os puede ser de utilidad. 60 fotos no son muchas, pero casi la mitad se pueden ampliar hasta un par de metros, por si queréis decorar “algo”. En las que lo merecen dice “cuantos x cuantos miles de píxels” tienen.
Desde el 2019, que abrimos este blog, llevamos más de 65 publicaciones. Podéis verlas en https://fundacionpepbonetcapella.com/blog/
Hemos presentado nuestro trabajo por activa y por pasiva, hemos presentado todo nuestro equipo de cámaras auto construidas, hemos mostrado algunas de nuestras técnicas, dedicamos un artículo a los “gadgets” que usamos en el campo para luchar contra el viento, os hemos tenido al corriente de algunas burocracias para montar la Fundación, hemos hablado de la aventura de montar una sede, hemos presumido de algunos de nuestros logros, en fin, llevamos unos cinco años usando este blog para contaros que somos una Fundación viva, para mostraros que nos cogemos nuestro propio proyecto en serio, con ilusión, para mostraros que estamos disfrutando con lo que hacemos y que nos hace felices compartirlo
Todos estos años, incluso antes de que existiera la Fundación, nos hemos dedicado a la foto de natura, lo mismo grandes panoramas que florecillas que, últimamente, macro y micro fotografía. Estos últimos años, sin abandonar el paisaje, hemos dedicado muchísimo trabajo a las cosas “muy pequeñas”. Granos de arena, caras de minúsculos insectos, hojas de musgos, pólenes y esporas, macrofotografía extrema, incluso microfotografía.
Esta aventura que empecé yo, EL FUNDADOR, la empecé en solitario, hace muchos, muchísimos años. Desde hace unos años que ha dejado de ser una cosa personal, ya somos un equipo, ahora ya “hacemos” fotos, ya “tenemos” ideas, ya “desarrollamos” proyectos… ¡y esos proyectos funcionan!
La Fundación ha reunido a un equipo de gestores que saben lo que hacen, y lo hacen bien. Lo único que aun no hemos resuelto es la continuidad de nuestra producción. La Fundación tiene varias finalidades, la primera que se nos ocurrió, y que ahora ha dejado de ser la primera, era la de gestionar el archivo acumulado en una vida de trabajo apasionado. Muy loable cuando escribíamos los estatutos, pero ahora creemos que lo realmente importante es preservar esos más de cuarenta años de experiencia que nos avalan.
Con toda seguridad, el mayor valor que tiene la Fundación no es su archivo, sino la capacidad técnica y el conocimiento que hemos acumulado para seguir haciendo fotos, cada vez más espectaculares, cada vez más exclusivas. No lo “vendemos” como un alarde, a veces vemos fotos mejores que las nuestras, nos referimos a que son tantos años de resolver problemas de encuadre, de iluminación, de óptica, etc., que ya nos hemos convertido en especialistas… Pero hay un problema, el ser “especialista”, en nuestro caso, SOLO ES UN CONOCIMIENTO, si desaparece el especialista desaparece el conocimiento y, desgraciadamente, las personas tenemos fecha de caducidad.
Por citar un ejemplo, https://fundacionpepbonetcapella.com/tecnicas-de-estudio/, la Lemna giba (conocida como lenteja de agua) es una minúscula planta de unos 5mm que flota en aguas mansas. En el artículo citado se explica como se dio la sensación de foto sub acuática recurriendo a trucos de espejos. Este es uno de los muchos ejemplos que vamos resolviendo día a día.
Otro ejemplo pueden ser las siguientes fotos. Un artilugio de unos pocos milímetros que puede bascular en todos los sentidos. Todos hemos dicho aquello de “levanta la barbilla y mira a la cámara”, ¿cómo le dices eso a una hormiga muerta? O ¿Cómo manejas un esporófito de un milímetro para buscar su mejor ángulo? En las siguientes fotos se muestra el artilugio, con el esporófito pegado con cinta adhesiva de doble cara y el encuadre con el que se tomó la foto, esporas incluidas.
Todas estas explicaciones son para deciros que estamos buscando acólitos que quieran aprender nuestros trucos y técnicas.
Una característica de nuestra Fundación, suponemos que de todas las fundaciones, es la colaboración, “hacer el bien” lo llaman. Nosotros la montamos para compartir lo que, en su momento, creíamos más importante. Ahora hemos cambiado nuestra prioridad, pero no nuestras intenciones, nuestra divisa sigue siendo “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”.
Existen muchas disciplinas, botánica, zoología, geología, etc., que se pueden beneficiar de la fotografía, en ocasiones para investigar y siempre para difundir. Hay fotógrafos que ya están en ello, conocemos mucha gente que hace lo que se llama “fotografía de naturaleza”. Incluso algunos se dedican a la macro fotografía y lo hacen estupendamente (el que vayamos viendo fotos extraordinarias lo confirma)
Pero, como se dice, “ni están todos los que son ni son todos los que están”. Para personas, fotógrafos, científicos o comunicadores que les gustaría crear sus propias macro y micro imágenes, nuestra especialidad, la Fundación se ofrece a enseñarles lo que sabemos. Incluso podemos compartir otro de nuestros tesoros, nuestras instalaciones. Nuestros conocimientos son básicos, cierto, pero sin nuestras cámaras y nuestros objetivos aplicar estos conocimientos se hace muy difícil… mantenemos lo de DOCUMENTAR Y COMPARTIR.
Abierto a todo el que esté interesado/a en aprender macro y micro fotografía, porque le interese el tema o porque, muchísimo mejor, quiera colaborar con nuestra Fundación. Nuestra intención es “crear escuela” para que nuestros conocimientos se perpetuen y, como no, la Fundación tenga continuidad, hacer que exista una “cantera” de especialistas. En nuestra página web, https://fundacionpepbonetcapella.com/contacto/, tenéis nuestros datos… y en el resto de la página todo lo que nos define como Fundación y como apasionados, fotos incluídas.
Contactadnos, igual os ayudamos a cumplir alguna de vuestras ilusiones y, si no llegara a suceder, siempre queda el tomar un café y el principio de una amistad.
En junio pasado ya publicamos algo de un proyecto para el que pidieron colaboración a la Fundación. Sin desvelar el proyecto, que no es nuestro y hay que saber mantener la confidencialidad, sí decir que se va a tratar de una hermosa idea de promoción de la naturaleza. Nos hablaron de montar unos arboretos y nuestra colaboración consistirá en aportar imágenes de árboles para presentación, difusión del proyecto y algunas cosas más.
El proyecto está, aun, en fase de tormenta de ideas, pero nosotros, por si acaso, llevamos más de un año aprovechando para ampliar nuestra base de datos de la Fundación con imágenes de árboles y bosques. Como que la proposición era “estética”, nos hemos decantado por disfrutar haciendo fotos de “paisaje vegetal” y, ya que estamos, aprovechar que el otoño nos da las imágenes más cálidas del arbolado.
En la foto de portada veis el estilo que hemos elegido, romper un poco la rigidez del rectángulo. A nosotros nos parece que esta forma quebrada de la foto aporta algo de “movimiento”, de “agilidad” a la foto (y, por ende, al escrito) Un proyecto como el que nos presentaron, proyecto social, de homenaje de la naturaleza, que pretende acercarse a la gente, debe tener un punto de espontaneidad que lo haga divertido.
Esta primera foto se trata de un Serbal de cazadores, totalmente plagado de sus pequeños frutos. Es un árbol útil, de fruta comestible y hojas utilizables para forraje, incluso buena comida para aves e insectos. La foto que veis es el montaje de tres fotos, con lo que disponemos de una imagen original de 15165×10299 píxels, una bonita imagen de 156 Mpx, aunque en esta publicación esté reducida a FULL HD, 1920×1080 px. Eso lo hacemos mucho en nuestras fotos, establecer un “paisaje vegetal” componiendo varias tomas, permite mejorar la sensación de amplitud, genera archivos muy potentes y permite, si se desea, recortar y “rectangulizar imágenes descuadradas”.
En la línea de jugar con el marco de la foto, un pequeño reguero de agua en el Hayedo de Tejera Negra. Un divertimento sobre una imagen otoñal por excelencia. Aquí el montaje son cuatro fotos siguiendo el reguero.
Mucho más formal es esta vista otoñal del Castañar del Tiemblo, tomada como una foto simple.
En esta foto, la maravilla consiste en que se ven troncos de árboles “hechos y derechos”, que no hay duda que fueron retoños de los restos del tronco ya pulverizado y que, si los retoños presentan gruesos de entre 25 y 30 centímetros, el tronco-madre llegó a superar el metro y medio de diámetro.
En otra zona, concretamente en una dehesa de Velada, un pueblito de Castilla-La Mancha, pudimos fotografiar estos alcornoques. Hay que reconocer que son troncos muy agradecidos, con la mejestuosidad que otorga la edad, también encerrados en marcos irregulares, por dar plasticidad al escrito.
Finalmente, acabaremos esta muestra con un paisaje totalmente otoñal. Una composición de 12 tomas del Castañar del Tiemblo. El original son 21410×9197 píxels, 196 Mpx, que permiten llegar a sacar copias de más de dos metros, para adornar paredes, por ejemplo.
En esta expedición se han conseguido unas 250 fotos del tipo que presentamos, de alcornoques, castaños, álamos, serbales, pinos y algunos desconocidos por los que pediremos auxilio a gentes de ciencia que nos los puedan identificar. Además, de todos ellos, se ha tomado una muestra de hojas, que se están prensando para ir a parar a nuestro herbario, con la idea de facilitar la identificación. En la Fundación tenemos muy asumido que todo el arte que sepamos poner en nuestro trabajo debe ser útil al científico y, parafraseando a Lord Kelvin, «Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide, no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre», una foto bonita sin identificar y sin georreferenciar poco puede ayudar a la ciencia.
La expedición ha representado dos semanas viajando y tomando fotografías. Entramos por Talavera de la Reina, en Velada visitamos la dehesa, después subimos a la plataforma de Gredos, a Hoyos del Espino, allí exploramos un radio de unos 15 km. Después saltamos al camping del Valle de Iruelas, donde repetimos otra exploración del terreno, hasta llegar al Tiemblo. Y, por último, pasamos un día en el Hayedo de Tejera negra.
En estas aventuras, los desplazamientos largos los realizamos en furgoneta camperizada y, la mayoría de veces, con base en un camping para cubrir servicios. Las exploraciones siempre consisten en realizar pequeños recorridos locales, previamente estudiados o sugeridos por las gentes del lugar. Para ello nos desplazamos bien caminando, bien en triciclo electrificado, ¡qué los caminos de montaña pueden ser muy duros!
La parte divertida, lo que es viajar y ver mundo, ya está hecha, ahora viene lo tedioso, montar, retocar, corregir, georreferenciar, archivar, todo trabajo de mesa y ordenador… pero para eso hemos viajado y para eso creamos la Fundación. Dentro de este mes de noviembre ya serán consultables los nuevos archivos en nuestra página web, “fundacionpepbonetcapella.com”, en el apartado de “Galería > árboles y arbustos”. Si crees que podemos colaborar contigo, o si conoces a alguien que necesite “ayuda fotográfica” no dudes en contactar con nosotros, para eso estamos.
No queda bien, suena a pedantería, ¡pero es que hay días que uno se levanta chulo!
Cuando empecé a sacar fotos de semillas, teniendo en cuenta que mi formación botánica es nula, busqué algún libro del tema “para plagiar”. La verdad es que ideas me bullían, pero quería ver como lo enfocaban los profesionales… ¡Qué decepción!
Unas fotos botánicamente perfectas, con vistas en “planta, alzado y perfil”, perfectamente identificado el eleosoma, marcadas las asimetrías, con las estrías perfectamente alineadas… Básicamente, un puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca y una toma cenital, seguramente con un flash anular “que lo ilumina todo por igual”, sin sombras.
No me cabe la más mínima duda que las fotos que vi (y que tanto me decepcionaron) pueden sustentar una sesuda tesis doctoral sobre la reproducción de las plantas o sobre el mutualismo de las hormigas y la utilidad del famoso eleosoma.
En este momento entendí que no tenía el más mínimo interés en la botánica, que lo que me interesaba era la fotografía… pero es que las imágenes de naturaleza en general, para mí al menos, pueden resultar más sugerentes que el mundo de la moda, por ejemplo. Decidí que me quedaba con el tema, la botánica y el mundo científico de la biología, pero que las fotos las iba a hacer “a mi aire”.
Con los años, algo he llegado a aprender de biología vegetal, ahora ya llamo a muchas plantas por su nombre, en mis fotos sale el eleosoma, incluso he llegado a hacer fotos “a medida” para que un Señor Doctor en biología publicara un artículo… ¡pero me sigo negando al puñado de habichuelas sobre una cartulina blanca!
La foto que encabeza este artículo es de Lemna giba, la conocida lenteja de agua. Se trata de una planta extremadamente simple, un par de hojas y una raíz. Las hojas tienen alveolos que la hacen flotar i la raíz cuelga en el agua mientras absorbe nutrientes. Su tamaño es minúsculo, unos milímetros, pero se reproduce muchísimo, hasta el extremo de colonizar estanques enteros, por ejemplo el de la foto, debajo de esta alfombra verde hay agua limpia, para regar coles.
Seguramente un buen botánico hubiera fotografiado la L. giba sobre la consabida cartulina blanca o hubiera sacado fotos de los alveolos en el microscopio, incluso hay una buena foto científica de la raíz junto con una regla milimetrada (para documentarla)
A mí, lo único que se me ha ocurrido es que “se trata de una planta de agua”, que quedarían mejor fotos submarinas (no descarto pedir permiso al dueño del estanque de la foto, ¡es broma!)
Y, después de este rollo, viene la “técnica de estudio”. Chapotear en el estanque puede ser muy divertido, pero poco práctico. Pensad que, por el tamaño de la planta, necesitamos un buen nivel de macro, será necesario recurrir al fuelle y, si pretendemos alto nivel de calidad, se agradecerá una foto por capas, con movimientos micrométricos (para evitar en lo posible la difracción y poder usar una gran profundidad de campo). Añadamos que, ya que estamos, usaremos una cámara de 51Mp, de varios miles de euros… Si os fijáis, conforme voy escribiendo le voy cogiendo miedo al agua. Meter todo el equipo necesario en el estanque saldría por un ojo de la cara en cajas estancas. Vamos, que es mucho más práctico poner la L. giba en un vaso y hacer la foto a través del cristal.
Aquí es donde empieza el proceso “MacGyver”. Dadas las dimensiones de la planta, puede ser perfecta una ampliación de X4 o X5, exactamente lo que da mi cámara de fuelle de 80cm. Pero, para que sea manejable, esta cámara está montada fija en una columna de ampliadora, con avances micrométricos para su enfoque y para poder seccionar la imagen por capas.
Espectacular en cuanto a calidad y precisión, pero solo puede tomar fotos en vertical, para tomarlas en horizontal se pierden los mandos micrométricos… y el agua no se aguanta bien “de canto”.
Las soluciones siempre se pueden simplificar. Recurriendo a un espejo, los rayos de luz “pueden doblar esquinas”. Es fácil, colocando un espejo a 45º el eje de enfoque de la cámara se convierte en horizontal, además, tengo la suerte de usar un objetivo de 135mm de distancia focal. Da menos aumentos (con el inmenso fuelle, solamente X5) pero me permite espacio para hacer estas virguerías.
Para mí, cada foto termina siendo una aventura, en cuanto se te enciende la bombilla aparecen los problemas, ¿Cómo aguanto el espejo a 45º? ¿Cómo me las apaño para que la planta esté a esos 135mm del objetivo? ¿Cómo consigo que el fondo de la foto sea oscuro y contraste con la planta y el espejo del agua? (supongo que os vais dando cuenta que la cartulina blanca y el flash anular no me sirven en absoluto)
Siguiendo las más elementales tradiciones de los estudios de cine, ¡recurramos al cartón!
Con un cutter, cartulina y cola de carpintero se van resolviendo todos estos problemas, se construyen bases y soportes, se aguantan de pie trozos de cartulina negra o se usan unos cuadradillos de 1cm que tuve que implementar en otra ocasión, para otro problema (en aquel caso tenía que colocar, “volando” un reflector para matar una sombra, y los cuadradillos actuaron de “viga de soporte”)
Mi forma de trabajar, aunque sean soluciones de cartón pegadas con cola, intento siempre que sean precisas. Esto ayuda a obtener fotos “limpias”, pero es que estos artilugios no se tirarán, conservados en una caja, algún día me resolverán otra “pega”.
En este caso, el espejo que he usado es un espejo óptico, la capa reflectante está en la superficie frontal del cristal y no en su parte trasera. Un simple espejo de baño también hubiera servido, pero hubiera exigido más controles en la iluminación. Al tener la superficie reflectora y la superficie frontal del cristal, a veces, según como incida la iluminación (y fotografiando cristales reflejados en un espejo, más) se generan halos, bastante molestos.
A veces me han comentado que “estos secretos” no se deben contar. Todo va en gustos, yo disfruto haciendo mis fotos, pero es que cuando veo algunas publicaciones me dan vergüenza ajena. Por descontado que yo tengo “mis” gustos, yo veo “mis” encuadres, en “mis” fotos yo gestiono “mis” luces y sombras, esto forma parte de mí.
Pero la técnica debería ser universal o, por la misma regla de tres del secretismo, se deberían cerrar las escuelas y mantener a los demás en la más absoluta ignorancia… ¡Siempre he luchado contra esta idea! Se ve que 40 años trabajando como docente imprimen carácter.
En fin, amigo lector, si te ha parecido interesante cuéntaselo a tus amigos… En Mallorca se dice que “cuantos más son, más rien”.