¡HUID DE LOS AUTOMATISMOS!

¡HUID DE LOS AUTOMATISMOS!

¡HUID DE LOS AUTOMATISMOS!

UN BUEN TRABAJO NO SE PUEDE HACER A PIÑÓN FIJO

Está dicho, por activa y por pasiva, que estos artículos son nuestra forma de compartir, con el público, lo que hacemos. Pero, decimos más, es nuestra forma de compartir nuestras técnicas y nuestros conocimientos. No somos una “empresa comercial”, no “competimos”, no necesitamos tener “secretos industriales”. Somos una Fundación sin ánimo de lucro, creada para “el bien común”.

Antiguamente se trabajaba con película y cualquier fotógrafo conocía sus limitaciones. La diapo garantizaba 5 diafragmas, el negativo color 6 y el negativo B/N llegaba a unos magníficos 7 diafragmas. Eso significaba que entre la sombra más oscura (con detalle) y el blanco más claro (también con detalle) no podía haber más de entre 32 y 128 niveles de luz (doble del doble del doble…). Los fotógrafos de más alto nivel llegaban a hacer revelados especiales, a mano, por sumar medio diafragma ¡y lucirse! La clásica prueba de fuego eran unos novios, ella de blanco precioso, con bordados y perlitas blancas y él, muy digno, con su traje negro, con botones negros, solapas perfiladas en negro y perfecta raya en el pantalón. NO SE ADMITÍA UN MANCHÓN BLANCO O NEGRO, ambos trajes siempre han sido caros y se llevaban para lucirlos… ¡todos los detalles debían salir en la foto!

La mayoría de fotógrafos actuales nunca ha conocido este problema. Salvo algún nostálgico, hoy solo se usa fotografía digital… y cualquier sensor “de medio pelo” ya sabe leer más de 10 niveles de luz, siendo normales en cámaras de cierta calidad los 14 niveles y más. Esto significa que el sensor saca detalle en zonas oscuras, prácticamente negras, y sigue sacando detalle en blancos que tienen más de 4000 veces más luz que los negros. Para que os hagáis una idea, nosotros, los humanos, nos movemos cómodamente en iluminaciones 1:1000, sin que se nos escape detalle y sin deslumbrarnos (luego nuestros conos y bastoncitos, más nuestro cerebro, consiguen que sobrevivamos en situaciones de 1:100.000, pero eso ya es biológico, ya no cuenta en la foto)

Además de la amplitud del sensor digital, nos han malcriado con los programas de tratamiento de imagen. Una vez que hemos convertido la luz en señal digital, llevamos bastantes más de 100 años sabiendo tratar la electrónica y ya podemos hacer con ella “casi” lo que nos dé la gana. De aquí salen programas como Photoshop, Lightroom, GIMP, etc. Todos ellos con herramientas tipo “luces/sombras”, “brillo/contraste”, “curvas”, “color”, etc. que nos permiten alterar prácticamente TODOS los valores de una foto.

Dicen que más vale matar al burro que darle un mal vicio. Actualmente, la casi totalidad de fotos las hace un móvil en automático, la inmensa mayoría de ellas disparadas por alguien sin ninguna cultura de imagen y que solo piensa mirar esa foto una o dos veces en la vida, como mucho mostrarla a alguien como anécdota. Salvo algunos trabajos profesionales, las imágenes ya no tienen importancia ni valoración.

Por otro lado, cualquier cámara barata hace lectura de luz sobre el mismísimo sensor, lectura real de la imagen que pretendemos, y, además, por lo que cuesta, siempre hay un mínimo de tres posibilidades, un promedio, una lectura preferentemente central y una lectura puntual. Esta es una copia del manual de una cámara compacta, bastante asequible, comprada allá el 2009, hace unos 17 años.

La mayoría de fotos, paisajes, edificios, personas o grupos en la calle, fotos de naturaleza, etc. se resuelven bien con el promedio, lo que el manual llama “Múltiple”. Y se resuelven bien porque la mayoría de veces las imágenes están bastante equilibradas. Ansel Adams, a principios del siglo pasado, tuvo la santa paciencia de valorar las luces de un paisaje promedio, recordemos que la película era bastante caprichosa, recortaba bastante las luces, dejándolas en unos pocos diafragmas de extremo a extremo. Y de su estudio salió el “Sistema de Zonas” que fue “la biblia” durante cerca de 100 años, de hecho “durante toda la película”. Tanto es así que, actualmente, en las lecturas de referencia en fotografía, los fotómetros, SIEMPRE se refieren a la zona V como la luz promedio entre un blanco puro, “lavado”, “quemado”, sin detalle y un negro totalmente negro. Si el sensor puede reproducir 14 diafragmas, 16000 veces más luz entre negro y blanco, la cámara, en automático, se ajustará al diafragma/velocidad de en medio. Está claro que para la inmensa mayoría de fotógrafos actuales esto le suena a chino, como le suena a chino de dónde sale el kilogramo, el Watio o el Newton. Sin embargo, quien más, quien menos, tiene idea del par motor de su coche, de los “caballos de fuerza”, o del consumo del aire acondicionado, incluso algunos han llegado a entender el precio del Kwh.

Toda esta introducción viene a cuento de que, cuando compramos una cámara viene ajustada, por defecto, a la medición de luz “Múltiple” (tiene más ajustes). En realidad, no es incorrecto, será el sistema más rentable de fotometría que usaremos, nos “clavará” la inmensa mayoría de nuestras fotos. El problema solo aparece si “hacemos cosas raras”, por ejemplo, la foto de portada. Ansel Adams y su sistema de zonas siempre se refirió a una imagen que abarcaba desde blanco hasta negro, Y TODOS LOS NIVELES DE GRIS INTERMEDIOS, él usaba los paisajes, los bosques y montañas de Yellowstone, piedras y árboles, hierbas, picos nevados, etc.

Si, como fotógrafos de natura, tenemos la “mala ocurrencia” de hacer una foto a una concha de carbonato cálcico, blanco prístino, sobre una cartulina negra, para que “destaque”, acabamos de crearle un dilema al fotómetro de la cámara. Como que llevamos meses, o años, usando el sistema “Múltiple”, nosotros ya ni nos acordamos de cambiarlo y el sistema hace lo que le corresponde: Coge la cantidad de negro de la imagen y la cantidad que sea de blanco, de todo hace un promedio y, en automático, ajusta un diafragma/velocidad para que TODO quede en zona V.

La cámara, por su cuenta y riesgo, se empeña en que lo que debería ser negro azabache, la mayoría de superficie de la foto, se presente como un gris de zona V, o parecido, y la concha, con menor superficie en la imagen, aparece quemada, DEMASIADO blanca… aquellos bordados y aquellas perlitas blancas del traje de la novia acaban de desaparecer, quedan como un blanco quemado. La blanca concha se ha convertido en una brillante mancha blanca con forma de concha, se ha perdido todo el detalle. ¡ESTO ES LA CONSECUENCIA DE TRABAJAR “A PIÑÓN FIJO”!

La muestra es la siguiente foto, haber hecho mal la lectura de luz, por no estar a lo que se hace, por relajarse y dejar que trabajen los automatismos.

Ambas fotos se han procesado, ambas se tomaron en RAW, ambas se revelaron, ambas se apilaron y ambas pasaron por un procesador de imagen para retoque y ajuste de luces y sombras. ¡Otro de los malos vicios adquiridos! El sensor puede leer 14 diafragmas o más, pero solo puede leer “lo que pueda”, ¡los milagros no existen! El procesador de imagen puede reajustar los niveles de luz, pero solo puede “revivir” imágenes que existan, el “Potosho” no sabe inventar “detalles”, ni en las luces ni en las sombras, SI NO ESTÁN, NO ESTÁN. Véase una foto natural, con TODAS las arrugas de la concha (la foto de portada) y, por desidia, la misma foto con zonas quemadas por haber leído mal la luz y que el procesador de imagen no ha conseguido “resanar”.

Como dice el título de este artículo, ¡huid de los automatismos! Cualquier industrial, de la industria que sea, sabe que, en el trabajo en serie, los automatismos mejoran el rendimiento económico. Es histórico que Henry Ford revolucionó la industria del automóvil con sus cadenas de montaje. Pero no hablamos de hacer millones de fotos de caracoles, hablamos de documentar la concha de UN caracol para una comunicación científica, hablamos de precisión y exactitud de UNA foto.

Otra tontería que estandarizamos, otra situación que idealizamos sin pensar, es tomar las fotos en RAW, porque así tendremos “más fidelidad” en la imagen, así la imagen se ajustará más a la realidad.

Tomar una imagen en RAW se traduce, del inglés, “en crudo”. Contado de otra manera, TODAS las cámaras tienen programas internos que “reajustan” las lecturas de todos y cada uno de los píxeles del sensor. Hay cosas que el público no sabe, porque no es de su incumbencia. Por ejemplo, que un sensor de cámara, de casi cualquier cámara, suele usar la “Matriz de Bayer”, o sea, un píxel para rojo, uno para azul y dos píxeles para verde. La matriz de Bayer, en realidad, consiste en poner filtros de color sobre cada uno de los píxeles, tantos millones de píxeles, tantos millones de filtros RGB.

Esta selección es debida a la sensibilidad del ojo humano (que no es, precisamente, 25% rojo, 25% azul y 50% verde) La realidad de nuestro ojo es “alrededor de un 20% para el rojo, menos del 10% para el azul y cerca de un 70% para el verde”, con respuestas fisiológicas específicas y personales a cada color. Pero construir sensores de micras no es tan fácil… y que correspondan a la respuesta del ojo humano es utopía. ¡Con lo que tenemos ya parece un milagro!

Todas las cámaras le presentan al usuario su mejor versión del 20%-10%-70% que se les ocurre, sacada de la “Matriz de Bayer”, y casi todos los usuarios se sienten a gusto con lo que les presentan… esta es cualquier foto de cámara o móvil, sin más. Eso sí, es normal el comentario de que “esta cámara da unas fotos fantásticas”, en realidad es que se ha ajustado al gusto del cliente.

Entonces, tomar las fotos en RAW no es ni mejor ni peor, simplemente suprimimos un automatismo de la cámara y nos comprometemos nosotros a ajustar la imagen. Por eso se dice que “hay que revelar el RAW”, porque la foto en RAW es aquel 25-25-50 y nuestros ojos piden, aproximadamente, un 20-10-70. O se lo encargamos a la cámara, que lo estandariza, o lo hacemos nosotros, con la posibilidad de ajustar mejor cada una de nuestras fotos, incluso de personalizarlas.

Hasta aquí bien, el problema aparece cuando repetimos la “dejadez”. El programa de revelado de RAW también tiene una posibilidad de “automático”. Al igual que la fotometría en “Múltiple”, el automático de RAW nos resuelve muchas fotos que hubieran quedado igualmente reveladas por la cámara, fotos ya de por si equilibradas, fotos sin compromisos ni de luz ni de contrastes ni de colores.

Ahora aparecemos con la foto de portada, casi toda la superficie un negro profundo y, en el centro un delicado sujeto blanco con importantes detalles de rugosidades en la superficie. Si revelamos el RAW en automático repetimos el error de medir la luz a promedio, el revelador de RAW está programado para presentar el máximo de información en TODA la superficie de la foto y, esto, se cumple si TODA la foto suma un gris medio, una zona V, ¡nada que ver con el blanco del caracolillo!

Véase en la siguiente foto un revelado de RAW incorrecto, con zonas de la concha “quemadas”, y el revelado controlando la luz, para evitar que el automatismo desplace las luces donde le de la gana. En realidad, las luces ya las habíamos controlado en la toma, la foto se hizo con lectura de luz “ponderada al centro” dando preferencia a la luz de la concha y no al negro de fondo… solo se trataba de evitar que el revelado de RAW nos destrozara el trabajo hecho.

En fin, en nuestra Fundación “hacemos las fotos así”, además, compartimos nuestros conocimientos, no competimos ni guardamos secretos. Es más, nos encantaría tener acólitos para trabajar con ellos y poderles transmitir nuestro quehacer diario. Como hemos dicho en más de una ocasión, “nosotros no somos especialmente buenos, es que nos hemos equivocado muchas veces” … Y estamos encantados de evitar errores a los demás.

CRÓNICA DE UN DESAFÍO

CRÓNICA DE UN DESAFÍO

Después de haber hecho estas fotos “submarinas” de una lenteja de agua, yo ya me creía el rey del mambo.

Hace una semana, dirección e investigadores de un organismo científico mallorquín propusieron a la Fundación documentar una posible primera cita, un bichito acuático de algo más de un milímetro, con cilios que lo definen. Precisamente, más importantes eran los cilios que el bicho en si, por esta razón era muy importante hacer las fotos con el bichito posado, inmóvil,  en el agua… para que los cilios tomaran su postura natural.

Con magnificación X20, sobre nuestro sensor, cubrimos un campo de 2,2×1,65 mm, ideal para el personaje. Como que tenemos amplia experiencia en esta magnificación (de hecho tenemos dos cámaras que la cubren) nos pareció trabajo fácil.

Este desastre es lo primero que sacamos. Empecemos por el cuarto creciente de luna de la derecha. Nada que ver con el bichito, es un reflejo creado en alguna curvatura del agua… aquí empezamos a sospechar que el trabajo no iba a ser nada fácil.

Las manchas amarillas son sacos de huevos, pero “con y sin” foco. Los cilios directamente desenfocados. El cuerpo igual a los huevos, trozos si, trozos no, cerca del brillo unas “rayas” bordeando el cuerpo. En fin, una imagen que nada tiene que ver con el bicho original.

Ante la evidencia, tomémoslo con calma. Nuestra micro cámara va instalada en un rail motorizado y controlado por ordenador, todo montado en horizontal, es esta maravilla.

Precisión de media micra, altamente estable, no vibra y avanza y retrocede en horizontal… Entonces las muestras deben colocarse “verticales”, en la cazoleta blanca que hay frente al objetivo… ¡Hasta que te dicen que la muestra es agua!

Está claro que si llenamos la cazoleta de agua, tal como está en la foto, el agua se caerá encima de los micrómetros de centrado… ¡Mala idea!

Entonces se nos ocurrió “otra mala idea”, hacer un taladro de pocos milímetros, depositar, dentro, una gota de agua con el sujeto y que el conjunto se aguantara por la tensión superficial del agua. Esta parte de la física funcionó perfectamente, la gota quedó sujeta a las paredes del agujero, solo que las tensiones superficiales crearon una gota aleatoriamente deformada. Usar un objetivo de alta calidad y precisión para fotografiar un sujeto a través “lentes aleatorias” está claro que será un fracaso… ¡y lo fue! Estos enfoques aleatorios y deformaciones se multiplicaron por 236, ¡los 236 planos tomados para hacer un apilado. Visto así, la foto del bicho es, casi, ¡“una buena foto”!

Hubo que replantear nuestro estudio, rediseñar nuestro rail para que trabajara en vertical… Menos mal que, al comprarlo, pensamos en esta eventualidad y elegimos uno con motor de potencia suficiente para subir y bajar cámara y accesorios, algo más caro, pero… “por lo que pudiera ser”.

En fin, como las desgracias nunca vienen solas, esta historia nos pilló en fin de semana, tiendas y talleres cerrados. El proveedor habíamos visto que tenía accesorios para verticalizar pero no sabemos estarnos de brazos cruzados. Como que al comprar el rail tuvimos que diseñarle una base, compramos perfiles de aluminio y compramos uno de más. Con esto y un martillo, cualquier mecánico fabrica un avión, jajaja. Con un poco de inventiva pudimos hacer un soporte bastante sólido para verticalizar nuestro rail, en principio sujetado con contrapesos de plomo, manifiestamente mejorable, pero en sábado por la tarde ¡un éxito.

Apareció otro problema, en  horizontal el rail se mueve si lo empujas, en vertical ¡SE CAE! Aprovechamos para fabricarle un ajuste vertical, sencillo pero efectivo, ¡ya podemos trabajar en vertical!

Ahora apareció otro problema, escribiendo el artículo hemos pasado de horizontal a vertical en un plis-plas, la realidad fue más complicada, le dedicamos casi todo el sábado y algo del domingo. Hubo que mecanizar algunas piezas “manualmente” (no disponer de taller y maquinaria tiene estos inconvenientes) y hubo que hacer pruebas (ensayo-error) para tener la seguridad de que lo estábamos haciendo bien. Ello supuso maltratar en demasía a los pocos sujetos que debíamos retratar, bichitos gelatinosos de algo más de un milímetro. Acabamos rompiéndolos, nos quedamos sin “artistas”. A grandes males, grandes remedios, hicimos una excursión a una acequia i nos dedicamos a pescar otros bichitos, totalmente vulgares, nada de primeras citas, pero de tamaño y características parecidas. El importante es un Copépodo y nosotros encontramos Ostrácodos… Para nuestro nivel de biología, casi iguales, todos terminan en “odo”, jajaja.

Cuando estábamos creando la Fundación, cuando redactábamos estatutos y código ético, creamos el lema de la Fundación, “DOCUMENTAR Y COMPARTIR”. Espero que nadie dude de que somos fieles a nuestro lema, ¡hasta compartimos el como afrontamos los desafíos!

La verdad es que, al no tener que ganarnos la vida con nuestras fotos, disfrutamos enfrentando estos retos. No son en absoluto rentables, pero sí muy divertidos.

Lástima que aun no hayamos sido capaces de conseguir acólitos, futuros herederos de la intelectualidad y saber hacer de la Fundación. Lo he dicho muchas veces, el mayor tesoro de la Fundación no es su archivo, siendo importante. Nuestro mayor tesoro es nuestro conocimiento y nuestra experiencia, nuestra capacidad para enfrentar retos… y convertirlos en documentos.

Colaboración y Ciencia: Nuestra experiencia en las III Jornades d’Entomologia Balear de MUCBO

Colaboración y Ciencia: Nuestra experiencia en las III Jornades d’Entomologia Balear de MUCBO

El pasado mes de abril, los días 17, 18 y 19, tuvimos el placer de participar en las III Jornades d’Entomologia Balear, celebradas en el marco incomparable del MUCBO (Museu Balear de Ciències Naturals y el Jardí Botànic de Sóller).

Como bien sabéis, en la Fundación Pep Bonet Capellá nuestra fortaleza no es la entomología en sí, sino la pasión por la documentación gráfica de la naturaleza. Por ello, aprovechamos nuestra intervención para mostrar a los asistentes —investigadores y aficionados— nuestras instalaciones, nuestra forma de trabajar y la precisión que alcanzan nuestros equipos técnicos.

Durante nuestra ponencia, compartimos ejemplos de lo que nuestra tecnología de macrofotografía puede aportar a la ciencia. Un ejemplo claro fue la imagen de la cabeza de una hormiga del género Messor (x20), donde se puede apreciar el nivel de detalle necesario para estudios morfológicos precisos (más abajo).

Contamos con instrumentos como cámaras de alta resolución, lupas y microscopios diseñados específicamente para generar archivos de imágenes de alta fidelidad para botánica, zoología y, por supuesto, entomología. Además tenemos una sede que, aunque humilde, cuenta con todo lo necesario para desarrollar cómodamente los proyectos que surjan, trabajar unas 8 personas simultáneamente en los equipos, e incluso, tomar un café en nuestra zona social o realizar una reunión privada en la sala de dirección.

Para nosotros, participar en estas jornadas no solo ha sido una oportunidad para ofrecer nuestra infraestructura, sino también una fuente de conocimiento. Gracias al intercambio con los expertos presentes, hemos adquirido nuevas perspectivas que nos permitirán mejorar nuestras composiciones y encuadres en futuros trabajos de documentación, y generar colaboraciones y proyectos nuevos.

Queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento al MUCBO por su cálida acogida y felicitar a la organización por el gran éxito de participación entomológico y el buen nivel de las comunicaciones presentadas. Es un orgullo colaborar con instituciones que, como nosotros, dedican su esfuerzo con criterio y coherencia a la conservación y divulgación de la biodiversidad balear.

¡Seguimos trabajando para que la imagen sea el mejor aliado de la ciencia!

Con fotos de este estilo, mostramos a los asistentes nuestra capacidad de colaboración en sus trabajos.